Cuentos de terror

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Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:21 pm

Basada en la vida real:
Una historia de terror en la vida real
Un hombre se encontraba parado a la orilla de la carretera en medio de una oscura y tenebrosa noche mientras caí un fuerte aguacero.
Esto sucedió en la madrugada de un 31 de octubre -noche de brujas-, más o menos a dos kilómetros del cruce de una vía que conducía a dos pequeños poblados.
Pasaba el tiempo y el clima se ponía peor, y aún así, los pocos
vehículos que transitaban a esa hora no le paraban a pesar de las señas
que, en este sentido, les hacía.
La lluvia era tan fuerte que apenas nuestro personaje alcanzaba a ver a
unos tres metros de distancia. De repente vio cómo un extraño coche se
acercaba lentamente y al final se detuvo.
El hombre, sin dudarlo por lo precario de la situación, se subió al
coche y cerró la puerta. Volteó su mirada y se dio cuenta, con asombro,
que nadie lo iba manejando.
El coche, entonces, arrancó suave y pausadamente. Aterrorizado, miró
hacia la carretera y se dio cuenta, con horror desorbitante, que
adelante había una curva. Mojado hasta los huesos, se siente totalmente
congelado.
Asustado. comienza a rezar e implorar por su salvación al advertir su trágico destino.
El hombre no ha terminado de salir de su espanto, cuando justo antes de
llegar a la curva, una mano tenebrosa entra por la ventana del conductor
y mueve el volante lentamente pero con firmeza.
Paralizado del terror y sin aliento, medio cierra sus ojos, se aferra con todas sus fuerzas al asiento e inmóvil e impotente ve como sucedía la misma situación en cada curva del tenebroso y horrible camino, mientras la tormenta aumentaba su fuerza.
Nuestro asustado personaje, sacando fuerzas de donde ya no quedaban, se
baja del coche y se va corriendo hacie el pueblo más cercano.
Deambulando, todo empapado, se dirige hacia una fonda que se percibe a
lo lejos.
Entra en ella, y a pesar de la hora, pide dos "tragos dobles" de
aguardiente y, temblando aún, les empieza a contar a los pocos
contertulios que hay, la horrible experiencia por la que acababa de
pesar y presenciar.
Se hizo un silencio casi sepulcral ante el asombro de todos los presentes. El miedo asomaba por todos los rincones del lugar.
A la media hora llegan dos hombres totalmente mojados, y molesto le dice uno al otro:
"Mira Juan: allá está el HP que se subió al coche cuando lo veníamos empujando".
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:22 pm

LA HABITACION 323

Por cierto, podría decirme si hay un motel o algún sitio para dormir cerca de aquí??
Si, un motel a 45 o 50 Km. de aquí, dirección Burgos!!
Tome, quédese con el cambio!!!
A esas horas de la noche, con la tormenta que estaba cayendo, lo mejor
era parar y descansar en el motel que el dependiente de la gasolinera le
había indicado
Pero!
Apenas recorridos 4 o 5 Km.
No me había dicho 45 o 50 Km.? Bueno, que mas da!!!!
Jesús había llegado a un antiguo motel de carretera, el “San Nicolás”,
el edificio tenía tres plantas, sobre la entrada un parpadeante letrero
luminoso con el nombre del motel y una flecha que indicaba la puerta de
entrada.
Hola buenas noches, quería una habitación por favor!!
El recepcionista, con gesto serio, se dio la vuelta y de un viejo cajón recogió una llave, la llave de la “habitación 323”
Muy bien, por donde??
Aquel hombre simplemente señaló con el dedo a las escaleras y sin mediar
palabra se dio la vuelta y desapareció por donde había venido.
Que simpático el tío, aunque bueno!! el lugar no invita muchas alegrías.
Su habitación estaba al final de un largo pasillo, Jesús entro en la
habitación y dejo la bolsa de viaje sobre la cama. Después de echar un
vistazo al baño y volver a la habitación, su bolsa… estaba en el suelo,
la puerta de la habitación estaba abierta. Jesús se asomó al pasillo, al
final del mismo.
Eh, chaval! Deja ya la pelotita no?
Pudo ver a un niño de unos 6 o 7 años que de espaldas a el tiraba repetidamente una pequeña pelota contra la pared.
No me oyes?? Chaval!!!!
El pequeño no respondía. La luz del pasillo, al igual que la de todo el
edificio, se apago. La pelota dejo de sonar, Jesús volvió a la
habitación, casi a tientas e iluminado por la poca luz que se colaba por
la ventana encontró su mechero. Y al ir a encender una vela que había
en el aparador de la entrada, uno de los chispazos del mechero en apenas
medio segundo ilumino algo sobrecogedor, la cabeza de un pálido niño
que asomaba al otro lado de la cama. Jesús quedo paralizado presa de los
temblores y escalofríos que aquella imagen había provocado en todo su
cuerpo. La vela que antes Jesús no había podido encender, prendió sola.
El niño se incorporó muy lentamente, era el pequeño que había visto
jugar con la pelota en el pasillo, aterrado pudo ver que aquella figura
no tenia manos, que las cuencas de sus ojos estaban vacías. La
espeluznante aparición avanzó muy despacio hacia Jesús, atravesando la
cama como si allí no hubiera nada. Sin perder de vista la fantasmagórica
criatura, Jesús caminaba hacia atrás, casi a tientas agarró las llaves
de su coche y decidió salir de allí a toda prisa.
Ahora que pasa!!!!
La Puerta no se abría y el niño avanzaba y avanzaba hacia el.
ABRETE!!!!
De una patada tiró la puerta abajo, a oscuras atravesó el largo pasillo
como pudo hasta llegar a las escaleras, bajaba los escalones de tres en
tres y al llegar a la planta baja… Detrás del mostrador estaba el
recepcionista mirándole fijamente, horrorizado pudo ver que aquel hombre
no tenía piernas, su tronco flotaba en el aire. Jesús, casi en estado
de shock, salio del motel; se montó en el coche y desapareció de allí a
toda velocidad…

En Noviembre de 1976 José Manuel Sánchez, recepcionista del motel San
Nicolás, se quitoó la vida de un disparo en la cabeza después de
protagonizar un macabro y fatal suceso que hizo que apenas un mes
después el motel cerrara sus puertas para siempre. Pasada la media noche
José Manuel, completamente embriagado, descargó toda su ira sobre
Daniel Martín, un inocente niño de 7 años, al que estranguló con sus
propias manos. Daniel solo jugaba con una pelota en el pasillo de la
tercera planta mientras esperaba a sus padres, los tres se hospedaban en
“La habitación 323"...
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:23 pm

LA FAROLA

He tenido el mismo sueño todos los días desde hace 10 meses. Me vuelve
loca. Sueño que estoy frente a una farola gigante, por la parte de atrás
tiene una puerta con un letrero que dice "prohibido el paso". Yo me
quedo ahí, quieta en mi lugar, y veo a una niña. Ella entra a la farola y
me mira de reojo.

Así fueron los primeros 2 meses. Mis padres me creían loca, y me
llevaron a ver a un psiquiatra, pero solo lo empeoró. El "nuevo" sueño
empezaba conmigo en la farola, con la niña mirándome, pero continúa
conmigo, corriendo hacia ella. Ella se asusta y huye, cerrando la
puerta. Yo la sigo y ella corre más rápido, logro oír que ella grita
entrecortadamente: "¡Debo... salir... ahora!", y apenas estoy a un palmo
de alcanzarla, desaparece. Y despierto sobresaltada. Esta parte duro
solamente 1 mes, pero me atormentaba cada vez que dormía.

El psicólogo me preguntó si había hecho algún ritual o algo relacionado
con el espiritismo, y tuve que decir que sí. Hace un año, estaba con una
amiga que era médium. Digo era, porque un mes después de el accidente,
murió; todos creen que fue un espíritu mal canalizado. Esa noche de
halloween, la hermana menor (fallecida) de Rosalinda, Bianca nos dejo
con un susto de muerte, y juro vengarse por engatusarla, ya que le
dijimos a un pedófilo (sin saberlo) que llevara a Bianca a un lugar
aislado a asustarla. Todo por una broma; el plan se salió de control y
termino en el típico final de un secuestro. Y Bianca se vengo de su
hermana.

Durante 4 meses este fragmento de sueño se adhirió a mi pesadilla:
después de que la niña desapareciera, corrí por las escaleras directo a
una bodega de cuerpos de niñas desnudas, acuchilladas, estranguladas,
violadas. Dentro, estaban también 2 personas más, la niña que
desapareció y un hombre. Enseguida entendí que la niña era Bianca y el
hombre era ese p*to pedófilo. La violo, la mato y mientras Bianca
agonizaba, el hombre dijo: "Benditas sean esas adolecentes" mientras
arrojaba a la niña al montón de cuerpos. Dicha visión era tan tétrica
que siempre despierto sobresaltada en esta parte.

No comía, ni dormía, en el manicomio estaba felizmente asustada, en mis
restantes 2 meses de dolor el sueño se ha completado: Rosa se acerco a
mí y dijo: "el último fragmento ha sido unido" y muere como Bianca.
Corrí por mi vida y me precipite en un vacio hasta chocar con el suelo.
Sangraba, pero podía correr. Un montón de niñas zombis desnudas
caminaban hacia mí. Me fije en mi y también me faltaba la ropa.

En mi último puñetero mes de cordura, que acaba en 2 días, soñé todo
completo y unido. Gritaba, lloraba, pedía desesperadamente salir, morir,
algo para acabar mi sufrimiento. Escribo estas palabras con un arma en
mano. Dudando. Lamentándome. Una grabadora encendida en mi mesita de
noche. Se que mis últimas palabras serán: "lo siento, Bianca, lo siento,
Rosalinda".
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:24 pm

LA LOCURA Y LA MUERTE

En el pueblo donde antes vivían mis padres cuentan que hubo un hombre
que era lunático, pasaba en las noches gritando en su casa: ¡maldita
sea! ¿Cómo puede ser? Y así pasaba en las noches, maldiciendo.
Cuenta mi padre que había veces que gritaba frases satánicas o hablaba
en un idioma raro pero por lo general no se metía con nadie y a todas
las personas les tenia respeto, hablaba con ellas y nunca nadie se
atrevió a preguntarle porque gritaba en su casa y así pasaban los meses.
Hasta que un día la esposa de este sujeto desapareció de la nada, nadie
sabía adónde podía estar. El hombre afirmaba que lo había dejado por
otro pero no era muy creíble, porque, ella demostraba tener amor por él.
En esa casa nadie se atrevía a entrar según mi padre, decían que malos
espíritus la habitaban, pero como siempre pasa hubo un hombre que dijo
no tener miedo y que solo eran locuras de la gente, así que decidió ir y
entrar a la hora que el lunático salía de su casa entro y paso una hora
aproximadamente dentro al salir traía unos ojos de muerte, casi
llorando y corrió a su casa, no salió de su casa en 2 semanas.
Al salir por fin de su casa contó a todo el mundo lo que había visto: la
mujer del lunático estaba muerta, degollada de manera horripilante, le
habían sacado los ojos, pero, cuando encendió la luz vio el horror: las
paredes pintadas de sangre, maleficios escritos con sangre, dibujos, y
la degollada mujer desnuda, sin ojos y con horribles cortes.
La gente se asustó y acordó matar a ese individuo, fueron por la noche a
su casa y al entrar….no había nada de sangre, ni cadáver, solo una nota
que decía: ¡maldita sea! ¿Cómo puede ser que mi mujer este muerta? Yo
la maté…la degollé…su sangre…sus ojos… ¿Qué he hecho? La maté
si….maldito de aquel que lea esto…morirá….si…más sangre… mas ojos…en el
rio morirá como yo…y mi mujer...
Fue como un rayo la gente al rio y efectivamente, estaban marido y mujer
colgados, degollados y sin ojos, fueron bajados y enterrados.
Pero esto no se quedo hasta allí…según cuentan la gente de esos
alrededores aún se pueden ver los dos cuerpos colgados por la noche con
sus cuencas sin ojos que su oscuridad parece infinita y que te indica
que tu muerte está cerca…. Sus gritos también se pueden oír…gritos de
dolor…horror…y muerte…
La nota que dejó jamás fue encontrada nuevamente…


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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:25 pm

EL DIBUJO

En una casa situada en las fronteras de Hiroshima, vivía una madre y 2
hijas Kuriko era la mayor y Tashi era la pequeña. Una noche la madre
recibió una carta a su casa la cual decía que su esposo habia muerto(El
cual era soldado de un pelotón de batalla). En la misma carta estaban
los detalles del hecho,el cartero, tratando de consolar a la pobre
madre(la cual pensaba en su dulce esposo) le había pedido al mismo
después de un gracias,retirarse de la casa. Una hora despúes bajaron las
2 niñas de las escaleras y la mayor le pregunto a su mamá que, ¿por que
tenía un cuchillo en la mano? y la verdad es que a la madre le había
dado un ataque de locura debido a la noticia recibida (La cual ninguna
de las hijas sabía).
Dicho ataque había hecho como consecuencia una lucha entre a la madre su
hija mayor, evitando a su vez que su propia madre cometiera un
homicidio. Durante el confrontamiento cuchillo a mano seca, pregutaba
gritando y diciendo que ¿que estaba ocurriendo?, gritos y gritos bañaban
cada una de las habitaciones de la casa. Mientras la hija luchaba
aterrorizada en una de esas gritó a su hermana menor, (la cual veía el
acto aterrorizada desde la encalera) una especie de frase japonés, algo
inentedible, pero la cual entendía perfectamente.
En ese mismo instante, la hermana menor corrió a su cuarto, tomó unos
creyones de cera, y seguido de eso, corrió al cuarto de su hermana
mayor. Estando ahí, tiró los creyones a piso, pero solo cogió el negro y
lo que hizo a continuación fué hacer una pequeñito dibujo en la pared
muy parecido a su hermana mayor. Este ritual los enseñó su abuela, ya
fallecida , a las 2 niñas y en lo que consistía era en hacer en una
pared transitada un pequeñito parecido dibujo de una persona ya
fallecida ya que este dibujo (seguido de un rezo) crecerá a la
proporción de la dicha persona fallecida y cometerá la venganza de una
muerte a manos de la persona que será dibujada en la pared transitada.
Al terminar la niña en dibujo sesaron los gritos que venían desde la
sala y en ese momento la niña temió lo peor: LA MADRE VENÍA POR ELLA.
Mientras realizaba el rezo podía ver como una sombra se avesinaba
subiendo las escaleras y lo que vio entre la puerta y el final de la
escalera era su propia madre, despeinada, y su cuchillo en su mano
sangrante.
Lo que pasó a continuación era de vital importancia y fue que la madre
había tomado a su niña por los pelos y la arrastró bajandola por las
escaleras hasta la cocina(Les dejos a ustedes imaginar la forma cruel y
sangrienta en que la madre asesinó a la hija).Lo que se había mencionado
antes que era del vital importancia era que la hija menor antes de su
muerte no había culminado la parte mas importante del rezo y si no se
cumplía esta condición del fragmento del rezo la persona ya fallecida
(En este caso la hermana mayor) no creceria a la proporción de la
persona fallecida momentos después de su muerte sinó una semana después.
De vital importacia era debido a que la madre una hora despues esa
noche lamentandose ella misma y tratando de hablar con su esposo se
había suicidado ahorcada de una cuerda de un barandal de madera de la
sala de estar. Si el espíritu de la persona no cometió su venganza
momentos exactos después de su muerte, el espíritu no descanzará en paz y
sera un alma en pena que estara dispuesta a asesisinar a cualquier
entidad humana que habite la zona pequeña (en este caso, la casa) para
saciar su sed de venganza no cumplida y eso es si aun la persona
responsable del acto no haya muerto.
65 años mas tarde, una familia norteamericana conformada por John,
Keila, Carol y su hijo y hermanito pequeño Ben se habían mudado a la
casa, sin saber la perversa historia que contenía la casa.
Un día todos estaban arreglando y limpiando la casa, la madre Keila
subió junto con Carol a pintar su habitación, pero se dieron cuenta de
un detallito y era el minúsculo dibujito de 3 cm, pintado en la pared
con creyon de cera color negro.La madre trató de limpiar lo que creyó
que era una pequeña manchapero la dicha mancha era imborrable por mas
que Keila trataba de limpiar la misma,asi que,la madre solo la cubrió
con pintura y se fue a dormir, debido a que había terminado muy tarde.
A la mañana siguiente la Carol se despertó,pero pudo jurar que había
notado una especie de mancha en la pared con el rabillo del ojo y si era
lo que había jurado, era la misma mancha solo que unos 6 cm mas
grande.Ella no había sentido miedo exactamente en ese momento sino algo
de confusión. Cuando todos los miembros se habían sentado a desayunar,
Carol le había preguntado (en forma de aclaratoria) a su madre si acaso
no había pintadola extraña mancha que estaba embarrada en la pared, la
madre le dijo que si y ese momento todos habían dejado de comer y se
habían visto la cara los unos a los otros incluyendo a Ben. Su padre
John le había dicho que no era grasioso que rayara la pared y que
después de desayunar lo debía volver a pintar ella, pero Carol se negó
debido a que ella replicó conque nunca había realizado ese acto pero
nadie le creyó debido a que ella había sido muy mentirosa y jugaba
muchas bromas pesadas a los demás.
Había llegado la hora de dormir y Carol y su familia también habían ido a
dormir, pero cuando Carol había despertado a eso de las 6:15 de la
mañana por un vaso con agua se dió cuenta de algo escalofriante y era
que el dibujo había crecido unos 15 cm aún mas grande. A Carol se le
había quitado las ganer de beber agua y aterrorizada despertó a su madre
y a su padre, seguido de esto, los había conducido a su habitación y
les mostró la aún mas entendible figura en la pared. Todos quedaron sin
palabras aunque los padres castigaron la Carol debido a sus tipos de
bromas.
Lo escalofriante de esta historia que le estoy contando es que llegó el
día domingo y esto quería decir según el embrujo hecho 65 años atrás el
dibujo iba a crecer a la proporción de la difunta hermana asesinada
dichos años atras. Los padres de Carol ya le habían creído y la
dispuesta muchachita fue, en bicicleta, al departamento de la policía
que quedaba a un kilómetro de su casa, pero cuando llegó a su casa junto
a los detectives se encontraron con una sorpresa terriblemente
desagradable y era que toda la casa estaba emparamada de sangre, lo cual
a Carol le dío arcadas y eso era horrible debido a que habían por el
suelo huesos, órganos,pedazos de piel y sesos por doquier.
Ahora lo terrible de todo esto era que Carol y los detectives habían
llegado exactamente a las 12:01 de la madrugada es decir que ese acto
sangriento había ocurrido un minuto y la otra cosa es que había 3
manchas en la pared imborrables como si alguien hubiera tomado un creyon
de cera y hubiera hecho 3 pequeñitos dibujos en la pared que coincidian
con solo 3 de los miembros de la familia.
3 manchas en la pared imborrables como si alguien hubiera tomado un
creyon de cera y hubiera hecho 3 pequeñitos dibujos en la pared que
coincidian con solo 3 de los miembros de la familia.
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:25 pm

EL CARNICERO

Kasumi Sukunami era una chica japonesa, su madre murió en el hospital
después de un terrible accidente de coche y su padre estaba de viaje de
negocios en Londres. Kasumi tenia un precioso perro de piel marroncita y
un poco blanca. Se llamaba Buzzy y era el único que la hacia compañía,
era una espléndida mañana de otoño y Kasumi fue a la carnicería para
comprar unas chuletillas para Buzzy.
Ella que era muy prudente dejó a Buzzy encerrado en casa para que no se
escapara y tarareando una melodía fue a la carnicería. La carnicería
estaba a tres manzanas de su casa pero las recorrió tranquilamente.
Cuando transcurrió un tiempo llego a la carnicería y se puso a la cola.
Copio un ticket y el número que la toco fue el 150, no pasó mucho tiempo
cuando en el marcador de la carnicería apareció el numero 150 y el
carnicero grito con un vozarrón ¡¡siguiente!!
Kasumi se puso la primera y dijo ¿podría darme unas chuletillas? el carnicero entró
en una habitación muy oscura y todos pudieron escuchar como propinaba a
la carne terribles machetazos. Cuando el carnicero que a decir verdad
era algo tripón salió de la habitación con su delantal ensangrentado y
un kilo de carne envuelto en papel.¡Son doce euros ! chilló el
carnicero, Kasumi pagó y cogiendo la carne fue a su casa.
Cuando llegó Buzzy no estaba en casa y Kasumi dijo ¿Buzzy estas en casa?
¿Buzzy? pero el perro no contestó, Kasumi se extrañó pero si su perro
no estaba, decidió que ella se comería la carne. Cuando propinó el
primer mordisco a la carne puso una cara de asco y lo echó en el plato,
pero no había mas y tuvo que comerlo.
Después de comer esa asquerosa carne decidió poner una queja en la
carnicería y regresó a ella para hablar muy seriamente con el carnicero
sobre la carne. Entró de mala gana en la carnicería y le dijo al
carnicero muy enfadada
¡¡¡muéstreme de dónde ha sacado esa carne que me vendió!!!
El carnicero entró en la habitación de antes y Kasumi entró con él. Lo
que Kasumi vio la heló la sangre, la habitación era un completo matadero
de personas. Brazos, cabezas y piernas mutiladas colgaban de unos
ganchos de hierro. El carnicero señaló una tablilla donde estaba el
cuerpo de Buzzy abierto en canal y sin tripas. Al lado del cuerpo sobre
una mesa se encontraba un machete ensangrentado, Kasumi estaba
horrorizada se había comido a su perro.
El carnicero cogió el machete y lo acercó al cuello de Kasumi, la cual
roció el machete con una lágrima y posteriormente el carnicero la mató,
mutiló y cocinó el cuerpo en una parrilla, el siguiente cliente se
comería una deliciosa carne...
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:26 pm

GEMIDOS DE LA RATA

Sentado frente al piano, imaginando una suave melodía recordando su hermoso rostro
Es que me encontraba aquel día. En la oscuridad de un frío anochecer, en
la soledad de un gran comedor, es lo que solía hacer en esos días,
fumar algunos cigarros mientras meditaba en algún futuro no muy
prometedor como lo era mi presente, también solía soñar con futuros
luminosos pero no representaban más que sueños.
Ese día en particular mi meditación fue acompañada de una fuerte lluvia
de invierno con un frío helado el cual ya era costumbre, mientras fumaba
y soñaba despierto con alguna realidad imaginaria caía la lluvia sobre
el tejado, sobre el patio y las calles de la ciudad.
Mientras me encontraba en eso fue cuando escuché un espantoso maullido,
que tenía un sonar muy particularmente molesto, pues era nefastamente
parecido al llanto de un bebe, fue esto lo que me decidió a ir tras la
fuente de aquel espantoso sonar. Cuando llegue a la oscura bodega y
encendí la luz pude percatarme de que era lo que sucedía, se trataba de
mi pequeño gato Sade quien estaba algo mojado probablemente por salir al
tejado y no tenía comida, lo sequé, le di comida y le dejé la puerta de
la bodega entre abierta para que no saliera a mojarse más.
Después de esto decidí ir a comprar cigarros, debía bajar dos cuadras
con la lluvia y la oscuridad, pero el cigarrillo siempre me acompaña,
mientras caminaba pensaba en lo que era aquel presente en que vivía, no
tenía muchos amigos, los que tenía eran viejos amigos de la infancia que
no veía muy seguidamente, vivía solo en casa no tenía pareja muy
probablemente por mis escasas habilidades emocionales, mi padre vivía
lejos y no lo veía en años mi madre había fallecido unos años atrás
heredándome una parte de la casa la otra parte fue heredada a mi hermano
pero él me dejó vivir hay mientras le pagaba su parte pues el ya vivía
con su pareja y su pequeño hijo, este fue un gesto que agradecí pues
mucho tiempo estuve perdiendo mi tiempo en drogas, no fui un ejemplo
para nadie y no tenía como sobrevivir, nunca tuve alma de delincuente
por lo que no hubiese sobrevivido en las calles.
Llegué al local compre los cigarros y me devolví a la casa llegando al
final de mis pensares, cuando llegué al portón me dí cuenta de que
estaba junto y no cerrado como lo había dejado, esto me perturbó de
entrada por lo que ingresé con cautela, llegué a la puerta y esta estaba
cerrada como la había dejado, esto me tranquilizó pues supuse que quien
intentó entrar a la casa se vio frustrado, mientras abría la puerta
volvió a sonar ese horroroso maullido, pero esta vez se oían dos y con
una intensidad mucho más poderosa.
Cuando entré, los lamentos eran demasiado fuertes y aún con ese
espantoso parecido al llanto de un bebe, me acerqué a la cocina para
llegar a la bodega y fue cuando un pernicioso olor, un nauseabundo olor
golpeó mis sentidos, este es y será sin duda el olor más repulsivo y
repelente que aya inspirado jamás en mi vida.
Tratando de aguantar las arcadas comencé a acercarme a la bodega,
mientras los chillidos se agudizaban cada vez más, no podía soportar más
esos espeluznantes chillidos y ese putrefacto olor.
Luego de un momento logré acercarme lo suficiente como para prender la
luz de la bodega que estaba por fuera y la puerta estaba entre abierta,
por fin podría ver que es lo que había allí y fue ahí cuando apareció
Sade entre la puerta, los chillidos se calmaron, ¡Sade! Grité al ver que
en el hocico tenía sangre, traté de tomarlo pero cuando lo iba a tomar
este agarró un pequeño bulto negro, que al verlo mas de cerca era una
horrible rata que aún se movía. De pronto comenzaron los chillidos pero
esta vez eran muchos más y mas agudos y el olor seguía ahí dañando mis
sentidos, junte valor y encendí la luz de la bodega, solo para darme
cuenta de lo que estaba ocurriendo, solo para ver esa horrible
pesadilla.
Al encenderse la luz se dejó ver la nauseabunda escena, el suelo estaba
lleno de ratas negras, peludas, infecciosas ratas, todas devorando un
algo que yacía en el suelo, todas chillando y mordisqueando ese algo que
allí yacía.
Tome la escoba y comencé a golpear a las ratas, estas se movían lentamente permitiéndome poco a poco ver lo que ahí había.
Poco a poco visualizaba, repentinamente vi algo parecido a un pequeño
brazo que era mordisqueado por las ratas, vi una pequeña mano empuñada, y
esto me volvió loco.
De pronto supe de lo que se trataba, no solo eran parecidos los gemidos,
sino que todo el tiempo se trato de un verdadero bebé, al ver el cuerpo
devorado por las ratas, totalmente frágil y expuesto a esa brutalidad.
¿Cómo iba yo a suponer algo así?
No se preocupe señor Echeverria, con esta medicina eso ya no será importante...
Usted no estaba ahí no me hable así, eran miles,
Miles de ratas… ratas por todas partes…
¿Y ese bebé de donde salió?
¡Sadee!.
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:27 pm

EL VENECIADO

Eran las cinco de la madrugada de un caluroso día de verano en Madrid.
Las calles de la ciudad estan vacías y silenciosas. Un Seat Ibiza gris
metalizado rompe el silencio de la noche circulando por la calle de una
zona residencial de las afueras de la capital. En el coche viajan dos
jóvenes de unos diecinueve años de edad que vuelven de pasar una noche
de fiesta. En la radio del automóvil que está encendida se puede
escuchar:

"Ayer se escapó de la cárcel un peligroso criminal alias "El veneciano".
Dicho asesino psicópata está acusado de la muerte y violación de doce
chicas de las que nunca se encontraron los cuerpos. La policía está en
su busca y bla bla bla bla... "

El coche se detiene frente a un chalet y se baja una chica.
Gracias por traerme a casa Toni le dice Alicia
¿Me llamarás está tarde?
Por supuesto mi "corazón", además estoy sola en casa y mis padres no
estan . Se fueron esta noche y no vienen hasta dentro de dos días,
asique podremos hacer lo que nos dé la gana tu y yo, los dos solos.
Joder que bien ¿no?
Ya te digo, bueno venga chao mi niño.
Se dan un beso y se despiden
Te quierooole dice la chica
Y yo más
Cierra la puerta del coche y después de volver a arrancar, este se
marcha calle abajo. El silencio vuelve a las calles y sólo se oye el
ruido de los tacones al caminar. Alicia es de mediana estatura, pelo
moreno, liso, largo y peinado con flequillo a un lado, ojos marrones y
muy guapa. Alguien observa a la jóven sin que está se dé cuenta. Se
trata de una sombra escondida detrás del arbusto de un parque cercano
que ha estado espiando todo el rato, desde que llegó el coche al lugar.
Alicia entra entonces a su casa, un bonito y grande chalet que esta a unos pocos metros de la carretera donde la habían dejado.
Nada más entrar enciende la luz del pasillo y se dirige a su habitación. De pronto suena el teléfono fijo, y Alicia lo coge.
¿Si?pregunta la jóven, pero nadie contesta y vuelve a preguntar ¿Si?... ¿Hay alguien ahí?... ¿Hola?...
Sigen sin contestar y cuelgan."¿Quien puede ser a estas horas y que
quiere?" se pregunta Alicia, que no da mayor importancia a lo ocurrido.
"Bah, se habrán confundido" piensa después.
A los cinco minutos exactos vuelven a llamar de nuevo. Alicia que está confundida, descuelga el auricular y vuelve a preguntar:
¿Si?... ¿Quien es?... ¡Esto no son horas de llamar, por favor conteste, dígame quien es y que quiere!¿¡Me está oyendo!?
Alicia no recibe respuesta y vuelven a colgar. Ahora empieza a ponerse
nerviosa, y para colmo acaban de saltarse los plomos de la casa y todo
ha quedado en oscuridad total.
La jóven va ahora a tientas por el pasillo buscando una linterna para
alumbrarse. De camino escucha un ruido seco del final del pasillo y se
detiene asustada.
¡¿Anda alguien ahí?!grita con miedo.
Todo sigue en silencio y oscuridad total.
De repente, alguien asalta a Alicia por detrás y esta cae al suelo desmayada sin conocimiento.
Alicia abre los ojos y mira a su alrededor. Todo sigue a oscuras, pero
puede reconocer las paredes de su habitación. Está maniatada con unas
esposas al respaldo de una silla y tiene la boca tapada con una tira de
cinta aislante, de forma que está totalmente inmovilizada y amordazada.
Enfrente de ella hay un hombre enmascarado que como si del carnaval de
venecia se tratase, lleva una máscara de un payaso con la nariz
puntiaguda.
Él hombre misterioso la acaricia el pelo y después sigue mirandola en
silencio. Alicia está aterrorizada y empieza a llorar, lo último que ve
es un cuchillo carnicero aproximándose a su hermoso cuello...
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:28 pm

TEN CUIDADO, TE SIGUEN

Bueno, voy a empezar a decir que esto lo recuerdo con mucho miedo y es
una de las pocas veces que lo cuento aquí, aunque soy propensa a que me
pasen cosas de estas.
Hace tiempo, fui con mi madre a visitar el centro donde trabaja, aunque
ahora mismo esta deshabilitado; es un centro de ancianos en el que se
imparten clases mientras. Fuí allí por que ella tenía que recoger unas
cosas y no me dejaba quedarme sola en casa. Ese sitio ya había tenido
muchas veces rumores sobre las cosas extrañas que pasaban allí y sobre
todo los relatos sobre las enfermeras que oían el ruido de un bastón en
las plantas superiores y lo pude comprobar.
Cuando llegamos, entramos del tirón. Estaba allí el hombre de seguridad
que se encargó perfectamente de cerrar la puerta después. El sitio esta
dotado con camaras de sensibilidad, como yo las llamo, es decir, que
cuando notan la presencia de alguien o algo, se encienden y quedan
grabando un rato. Después se apagan.Pasamos por allí y se encendieron
las camaras, emitiendo una pequeña lucecita roja, cuando pasamos,
minutos después se apagó. Cual fue mi sorpresa que observándola desde la
otra punta del pasillo la ví encender de nuevo. Me asusté mucho, la
verdad, pero me callé; no quería parecer una miedica. La camara se
apagó. Bien. Seguimos caminando, esta vez cogimos el ascensor y subimos a
la planta de arriba, hacía unos ruidos muy pero que muy raros y sentí
que me observaban. Pasé miedo, pero estaba con mi madre al lado por lo
que pensé que era ella. Pensé, por que cuando salió de este, con
dificultad. (Las puertas se abrieron solo a la mitad) seguí notando esa
presencia y un viento gélido me asestó por detrás, corrí hasta donde
estaba ella y pasamos por otra de las camaras, tenía la adrenalina
completamente subida y el corazón me iba a 1.000 x h. Recorrimos el
pasillo y sí, se volvió a encender la luz. Esta vez, vino el segurata
para contarnos lo sucedido, pero yo ya lo sabía... Algo nos estaba
siguiendo.. Tragué saliva un par de veces mientras el guardia nos
conducía a ver las grabaciones. Yo estaba alerta, miraba hacía todos
lados. Ya, en la sala de las grabaciones noté una presencia y ya, harta
de todo me dirigí hacía esta, la que daba lugar a una puerta con un
aspecto bastante siniestro y viejo para mi gusto.
Y puede que no me creáis pero os juro que es totalmente cierto... lo
ví... si, vi un hombre, totalmente vestido de negro, traje de chaqueta
creo.. tuve mucho..pero muchísimo miedo.. sentía que se acercaba a mi..
sentía angustía, ganas de huir pero no podía.. y entonces, algo toco mi
hombro, me sobresalté. Era mi madre. Quería saber que hacía allí, no
sabía que contestarle... el segurata señaló con la cabeza una esquina de
esa siniestra habitación y me asomé. Pude ver un grabado en una pared
que poseía algo de relieve. : ``Descanse en paz, 19202000.´´. No daba
crédito a mis ojos. ¿Qué era eso? lo pregunté, estaba asustada, apreté
el puño con fuerza. Era la tumba... la tumba del fundador. El que
siempre se escuchaba ese ruido de bastón... pasé miedo, muchísimo miedo y
juré y veréis como perdura que no volveré a pisar nunca jamás ese
sitio.


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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:28 pm

EL NEONATO DE MI MEJOR AMIGA

Hace ya dos años que Yuli conocio a Vicent, para entonces no llegaba ni a
los 18 era una niña con ganas de comerse el mundo. Todas lo éramos,
recuerdo que cuando lo vimos por primera vez a todas nos parecia como un
actor de cine. Era muy guapo, a al menos a nosotras nos volvía locas.

Lo conocimos un día que fuimos de compras a la ciudad, en el centro
comercial, tropecé con él. Me dedicó una sonrisa y me dijo que tuviera
cuidado. No tarde en contarselo al resto y Yuli (la más lanzada) no dudo
en ir a buscarlo para preguntarle si tení a novia.

Ninguna supimos lo que vió en Yuli pero no pararon de hablar hasta la
hora de volver. Cuando se despideron él quedó en venir al pueblo a
verla. Y así lo hizo.

No habían pasado ni dos meses cuando Yuli ya era otra persona distinta,
ya no nos llamaba, ya no salía con nosotras...sólo vivía para el novio y
sus amigos. Todos los sábados se iba a la ciudad y cuando volvía
siempre lo hacía más pálida y distante.

Cuando cumplió la mayoría de edad se fue a vivir con él y no volvimos a
saber de ella hasta hace un mes que llegó a mi casa en plena noche.

Oí el timbre sobre medianoche y me asusté ya que esa noche no había
nadie en casa pero antes de plantearme si abrir o no, su voz resono por
toda la casa: "Carla por favor soy yo". Corrí escaleras abajo y la deje
entrar, estaba cubierta de sangre y más pálida que nunca. Entro al baño
mientras yo la miraba atemorizada (aunque intentaba que no se notara).

Una vez duchada y cambiada pude ver algo que la visión de la sangre me
había impedido, Yuli estaba embarazada y muy embarazada. Me senté en la
cama y la mire esperando oír su historia, como cuando eramos niñas.

Yuli me contó que Vicent tenía un secreto, él no era lo que parecía.
Vicent rondaba los tres milenios con vida, pero había negociado con el
mismisimo Satanás que si Vicent le daba sacrificios humanos podría
conservar su juventud, así que Yuli lo había ayudado a eso. Cada luna
llena llevaban un cuerpo al sótano e invocaban al malísimo, que se comía
el cuerpo de la víctima y cuando el alma intentaba escapar la atrapada y
encadenaba para que permaneceria en la tierra vagando.

Pero ultimamente las almas sacrificadas habían comenzado a revelarse a
este pasivo cautiverio, las almas en pena habían empezado a herir a Yuli
y a Vicent. Yuli me dijó que le suplico a Vicent que parara, que temía
por el bebé. Pero el no cesó en el empeño de ser joven para siempre y a
pesar de todo Yuli continúo con él.

Lo quería tanto que aceptaba cualquier cosa, pero está noche algo había
ido mal. Está noche el malísimo había intentado deborar al bebé de Yuli,
con él consentido de Vicent.

Yo misma vi las marcas de dientes en su vientre y los trozos de piel
desgarrada. Esa noche durmió en mi casa, pero nadie escapa a las manos
de Satanás. A la mañana siguiente la encontré muerta y con el estómago
abierto.""

Esa es toda la historia. Usted me cree ¿no doctor? Usted sabe que los
demonios son reales, así que por favor saqueme de esta habitación
blanca. No, no...no se vaya doctor yo no la mate. Mmm...¿o tal vez
sí...?
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:29 pm

VIAJE A OTRO MUNDO

Todos estábamos desnudos. Fuimos muchos los que quedamos de pie sobre
zigzagueantes caminos que conducían hacia un objeto enorme, desde la
distancia parecía una enorme cúpula.

El cataclismo devoró a cientos de personas, lamentos mezclados con
olores químicos preñaban el lugar; una pequeña criatura que colgaba del
borde del espacio de tierra firme que me soportaba, oscilando a punto de
caerse murmuró: "Ayúdame". A pesar del extenuante esfuerzo mi cuerpo no
respondía a las órdenes que yo le daba, algo superior a mí me mantenía
inmóvil. Con expresión de espantoso horror el niño cayó al vacía, en ese
instante fue devorado por las fauces del fuego; al unísono con el grito
que no logré emitir, una voz de mando que venía desde ninguna parte se
elevó sobre mis ideas ordenándome: "NO DEBES RESCATAR A NADIE!!!
Permanece en donde estás" De inmediato comprendí que no ejercía control
sobre mis movimientos, tuve que permanecer obediente a pesar de mi
resistencia interior; solo lograba mover los ojos a voluntad, fue allí
que descubrí en torno a los "elegidos" silentes vehículos ingrávidos
ocupados por tres tripulantes, por la parte inferior estos aparatos
lanzaban un rayo de luz cual iris, dirigiéndolos directamente a nuestras
frentes, quemando nuestras pieles; de inmediato cicatrizaba, dejando
una huella muy parecida a la estrella de los vientos.

Cuando el rayo fue dirigido a mí, experimenté una intensa sensación de
desprendimiento junto con la vibración descompensada de mi ser entregado
a una succión que se apoderó de toda mi energía orgánica. Sin previo
aviso el influjo retornó multiplicado en intensidad, me llenó de
imágenes conocidas que capté como si estuviese de retroceso.

REcobré la presencia del ego y sin percatarme, manso, caminaba hacia
aquella nave. Una compuerta plateada servía de marco al individuo alto,
delgado y de forma estilizada que parecía esperarnos. Miré mas allá,
hacia el interior laminado y plomizo de la estructura donde al parecer
se perdían todas las almas que iban delante de mí pero el vaporoso
ambiente me impedía apreciar la totalidad de las formas; antes de seguir
avanzando me detuve frente al viviente de cuyo tórax pendía un medallón
que resplandecía con el mismo ritmo de los latidos de mí corazón, al
unísono de la inaudible palabra: "Adelante" elevé la mirada y el único
órgano que respondía a mis mandatos me devolvió la imagen de dos ojos
exagerados, intensos y carentes de retina; volví a mirar ewl medallón y
esta vez la misma voz sin palabras de transmitía: "Vamos a un sol
seguro". Cerré mis ojos y al hacerlo perdí el contacto que tenía con el
exterior.

Despabilé encontrándome en mi propia habitación. "Pero que te ha
sucedido", Preguntaba una voz familiar "Te encontramos en la orilla de
la playa inconsciented y desnudo, donde estuviste estos últimos meses".
El expectante rostro de mi novia, marcado por la angustia pedía
respuestas. Acarició con la punta de sus dedos la marca frontal que me
dejó esta experiencia.

"En otro mundo" Respondí.
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:30 pm

EL SEÑOR DE LA BASURA

La figura encorvada del viejo asomó por encima de un montículo de basura
y se recortó con nitidez entre la línea irregular del horizonte y el
cielo gris. Había dejado atrás la zona baja del volcadero, donde un
grupo de caballos y cerdos comían algunos desperdicios y unas máquinas
motoniveladoras trabajaban sobre el terreno; escaló una montaña empinada
y, una vez en la cúspide, descendió por un barranco acolchonado de
residuos y recorrió unos trescientos metros hasta llegar al corazón del
basural.

Revisaba la basura con la concentración de un neurocirujano durante una
operación de médula espinal. Utilizaba el mismo nudoso bastón que le
servía como sostén para revolver entre los desechos a medida que
avanzaba. Tenía el ojo entrenado para reconocer a la distancia la
materia, composición y origen de los residuos, o detectar un alimento
comestible de uno tóxico identificando su nivel de descomposición por la
cantidad de gusanos. Podía clasificar la basura en cientos de
categorías con sólo verla a algunos metros. Eran taxonomías del todo
empíricas, nunca podría haber explicado con palabras el funcionamiento
intelectual ni los mecanismos mentales que realizaba cada vez que
escaneaba la basura con la mirada, pero no por falta de estudio, sino
porque comprendió muy pronto que para sobrevivir de los desechos debía
olvidarse sistemáticamente de todo lo que había aprendido sobre el mundo
en su vida anterior, cuando todavía usaba una corbata decente y bebía
Jack Daniel´s.

El viejo se detuvo. Levantó la cabeza y contempló el panorama. Más
allá de las dunas se agitaban las siluetas de familias enteras, cientos
de hombres y mujeres de todas las edades, con el cuerpo torcido hacia
los residuos, y una docena de niños correteando, que permanecían ahí esa
tarde de sol pálido y mucho frío. Un viento helado sacudió la melena
rala del viejo, pero éste se mantuvo inmutable. La temperatura era algo
que había dejado de preocuparle hacía bastante. Su rostro era una
máscara descolorida donde el tiempo había acumulado incontables capas de
mugre, formando una especie de membrana ultrarresistente que lo
protegía de cualquier inclemencia climática.

De alguna manera, se había efectuado una asimilación simbiótica entre
el basural y su organismo, como ocurre con las bacterias que habitan en
el intestino humano. El olor hediondo —que hubiera hecho que cualquier
persona se desmaye de asco a los pocos segundos, víctima de un ataque de
náuseas y vómitos— y las enfermedades que pululaban en el aire como un
gas venenoso, era lo que él respiraba y lo mantenía vivo.

Sacó un cigarrillo arrugado y a medio fumar de algún lugar de sus
raídas ropas y lo encendió. Inspiró una bocanada profunda, que le
produjo un ardor placentero en la garganta, y exhaló una voluta de humo
con forma de anillo. Algunas costumbres nunca se pierden. Luego lo
apagó, se lo guardó y continuó caminando algunos metros, siguiendo la
misma metodología: hundía el bastón en la inmundicia y la revolvía, al
tiempo que lo sacaba y lo volvía a hundir, y con la mano libre espantaba
la nube de moscas que sobrevolaba continuamente sobre la superficie y
le dificultaba el paso.

El bastón se paralizó a pocos centímetros del suelo y se mantuvo en el
aire como un perro de caza señalando con el hocico a su presa. Sobre
una bolsa abierta llena de restos de comida podrida, el viejo había
descubierto una manzana. Era roja como la sangre, brillante, del tamaño
de un puño. Lo primero que notó fue que estaba intacta: nadie había
clavado los dientes en ella. La contempló durante un momento, saboreando
de antemano el sabor dulce de sus jugos, sintiendo la frescura natural
de la fruta disolviéndose en su boca. Involuntariamente, un hilillo de
baba salió por la comisura de sus labios. Luego se agachó y extendió la
mano con decisión. Estaba a punto de tomarla cuando, para su sorpresa,
la manzana se hundió en la basura, como queriendo escapar de sus garras.
Volvió a estirar la mano en la misma dirección y el puño se cerró en el
aire: otra vez, la manzana se había hundido aún más. El viejo se
levantó y se rascó la barbilla, mirando con recelo para todos lados. Se
volvió a inclinar y esta vez la manzana se hundió por completo. Y junto
con ella, toda la basura que estaba alrededor comenzó a caer como en una
especie de embudo. El viejo se apartó con un gesto de sorpresa, pero no
de miedo, y vio cómo los desperdicios eran tragados por el vacío,
formando un pozo donde segundos antes había encontrado la manzana.

El viejo conocía los efectos del gas metano que producía la materia
orgánica en descomposición, pero nunca había visto algo parecido. Un
círculo perfecto de negrura de un metro de diámetro se había abierto
frente a sus narices. El hombre se acercó hasta el borde, se inclinó
sobre la boca del pozo y sólo vio oscuridad. Se quedó un rato observando
hacia el fondo como hipnotizado y creyó oír unos sonidos sordos y
acuosos que provenían del interior, como de algo viscoso que se movía en
una ciénaga. Por un momento, la oscuridad le pareció casi viva,
expectante. El olfato, que creía haber perdido hacía tiempo, detectó un
olor más nauseabundo del que hubiera sentido jamás. El viejo se acercó
más, casi metiendo la cabeza adentro. Y entonces lo escuchó:

— Hola, Viejo… —dijo una voz gutural y cavernosa que salió de las profundidades del pozo.

El hombre se incorporó de un salto, miró el pozo y luego alzó la
vista. La persona más cercana a él era una mujer entrada en años que se
encontraba a unos cincuenta metros y estaba concentrada metiendo cajas
de leche en polvo en una bolsa de plástico.

¿Qué clase de truco es este?, pensó el viejo. Alguno de los vagos le
estaba gastando una broma que no le causaba ninguna gracia.

— No es ningún truco, Viejo… Y tampoco se trata de ninguna broma —dijo
la voz con una determinación que esta vez sí lo impresionó.

El hombre volvió a mirar para todos lados. La gente estaba demasiado
lejos como para escuchar —o como para que se tratase de algún artificio
sonoro—. Por otro lado, sólo se oía el zumbido constante de las moscas
y, más allá, en el límite del basural, el tronar de los motores de las
máquinas motoniveladoras que trabajaban en los montículos.

— No te convences ¿eh? —siseó la voz con un tono que al viejo le hizo
erizar los pelos de la nuca—. Mira hacia tu derecha, Viejo.

El hombre obedeció. Un grupo de chicos, de entre siete y diez años,
jugaba mientras sus padres hurgaban entre la basura. Corrían, se reían y
gritaban. Había dos que tiraban de una soga, haciendo equilibrio entre
las bolsas, y otro festejaba luego de haber rescatado una pelota grande,
blanquecina, que enseguida colocó sobre su cabeza haciendo piruetas.
Mientras tanto, una nena de dos años seguía los movimientos con sus
enormes ojos negros abiertos como platos.

— Mira la niña, Viejo… mira la niña… —Esta vez, el hombre no pudo
determinar si el sonido de la voz había surgido del agujero o si resonó
en su propia cabeza. Como fuera, cada vez que hablaba brotaba del pozo
un efluvio de putrefacción.

El hombre tenía los ojos fijos en la niña, que estaba parada sobre una
caja de cartón. Seguía mirándola con creciente interés, como le había
ordenado la voz del pozo. Y de pronto, como en un predecible truco de
magia, la niña desapareció de su vista. En un segundo se encontraba ahí y
al siguiente… ya no estaba. La basura se la había tragado.

— Pero… ¿cómo lo hiciste? —preguntó el hombre. Estaba atónito.

— Espera… la función no ha terminado…

Volvió la vista hacia donde estaba el grupo de chicos y esta vez el
que estaba con la pelota, que saltaba de un lugar a otro, se hundió
súbitamente. Y luego siguió otro, y otro. Los demás chicos, que vieron
lo que estaba sucediendo, corrieron para dar aviso a sus padres. En
cuestión de minutos una multitud se había congregado alrededor del lugar
donde habían desaparecido los niños. Estaban inclinados, apartando las
bolsas y cavando con desesperación. Las mujeres gritaban, histéricas. El
momento del gran acto había llegado. Sin obedecer a ninguna ley lógica,
como si de pronto hubiera desaparecido el suelo en el que hacían pie,
todos cayeron al vacío, desapareciendo ellos también.

Pasaron algunos segundos de silencio, durante los cuales el viejo se
preguntó si todo aquello estaba ocurriendo realmente o si era producto
de una alucinación, si no sería tan sólo una mala pasada que su
estropeada mente le estuviera jugando. No había terminado de discurrir
este pensamiento cuando comenzó a oírse un sonido grave y acompasado que
provenía de debajo de la superficie. El suelo tembló bajo sus botas,
todo el basural se estremeció con un movimiento sísmico. Y de repente,
desde el montículo de basura donde había desaparecido el grupo de gente,
salió eyectada una descarga de sangre fulminante junto con trozos de
carne y huesos, como una erupción volcánica de cuerpos licuados, y luego
cayó en forma de lluvia tiñendo de rojo el aire del atardecer.

El hombre se llevó una mano a la boca, ahogando un grito.

— Pero… ¿Quién…? —empezó a decir, y luego se corrigió—: ¿Qué eres?

— Basura, Viejo… Igual que tú.

— Pe… pero… no… no es posible… —balbuceó. El horror de lo que acababa de ver le impedía hablar y pensar con fluidez.

— Es posible, Viejo. Claro que es posible —afirmó la voz roncamente—.
Mira hacia el norte, a nuestra Gran Creadora, allí… ¿Puedes verla,
Viejo?

Podía verla. Claro que podía. El sol había comenzado a caer y las
luces de la Ciudad formaban una constelación de diamantes en el
horizonte. La misma Ciudad en la que él había caminado con la frente
bien alta y la misma que lo había expulsado y condenado al destierro.

— Imagínalos ahí, toda esa gente linda, suave y agradable. Personas
educadas y de buenos modales, produciendo miles de toneladas de basura
diarias. Arrojando al volcadero sus porquerías… Y no son sólo las bolsas
con restos de comida, papeles y plástico, no… Son también megalitros de
semen envueltos en preservativos, el fruto sangriento de infinitas
menstruaciones, la cría de animales que nadie quiere, los cadáveres
mutilados y los embriones semimuertos, producto de las violaciones y
embarazos no deseados. Lo que arrojan son sus propias miserias: la
mezquindad, la hipocresía, el cinismo, la barbarie…

Los ojos del viejo brillaron de entendimiento. Un estallido de
conciencia le hizo comprender lo que la voz le quería decir. Imaginó a
todo esa bazofia revolviéndose en el fondo del basural desde el inicio
de los tiempos, coagulando, formando un amasijo putrefacto nacido de la
rabia, el remordimiento y el odio más visceral. La sola idea lo hizo
marearse de entusiasmo.

— Somos la basura, los desechos, los desperdicios, la resaca de la
sociedad. Somos lo que el mundo arroja de sí, la cara de la humanidad
que ya nadie quiere ver… Somos Basura.

“Ven a mí. Ven, buen hijo mío.”
“Ven a mí.”
“Ven…”

El viejo percibía el llamado cada vez con más fuerza y premura. Se
dejó caer sobre las bolsas y sintió que la basura lo envolvía en un
abrazo de reconocimiento, protegiéndolo, recibiéndolo en su seno con el
calor de una madre. Notó que se hundía, pero no sintió miedo, sino
alivio. La tranquilidad de saber que al fin la disolución sería
completa. Sintió que la basura se le metía por la boca, la nariz y los
ojos. La putrefacción comenzaba a correr por sus venas, llenando sus
pulmones y estómago. Y ahora sí, su corazón y la basura formaban un
solo, rítmico latido. Una sola pulsión.

El basural entero se sacudió en un asqueroso maremágnum de
podredumbre. Si alguien hubiera obtenido una toma satelital del terreno
en ese momento, habría visto cómo la mancha oscura que formaba el
basurero se había ensanchado repentinamente, ocupando de pronto más
espacio que antes.


— ¿Qué fue eso? —gritó el joven con el traje de dril naranja mientras
bajaba de la cabina de la máquina motoniveladora. Estaba pálido.

— ¿Qué? —preguntó su compañero desde la otra máquina. Luego bajó y encendió un cigarrillo.

— José, creo que me estoy volviendo loco. Estoy alucinando. Acabo de ver
cómo se movía el basural, parecían las olas de un océano, hermano.

El otro miró la montaña que se extendía cientos de kilómetros hasta
donde alcanzaba la vista, mientras daba una larga pitada, y luego miró a
su compañero.

— Es verdad —respondió—. Estás loco de remate.

— No sé, hermano, no sé…

— ¿Qué? —apuró con fastidio.

— Hace años que trabajo de esto y no termino de acostumbrarme a ver
tanta… —hizo un gesto con las manos que intentaba abarcar todo el
paisaje.

— ¿De qué carajo hablas?

— Mira, hoy estuvimos trabajando todo el día y toda la tarde moviendo
esta mierda para que no llegue hasta la autopista. ¿Y para qué? Al final
de cada jornada, parece que no la hemos movido ni un centímetro,
incluso parece que estuviera más cerca que antes.

El otro miraba distraídamente a un lado y a otro mientras escuchaba, fumando con tranquilidad.

— ¿Sabes lo que pienso? Pienso que va llegar un día en que la basura nos va a tapar a todos, a todos y cada uno.

El otro se lo pensó un momento, mientras daba una larga pitada al
cigarrillo, exhaló el humo y luego lo aplastó contra la puerta de la
máquina.

— Cuando ese día llegue —dijo al fin—, pondremos la basura en cápsulas y las lanzaremos al espacio.

Se dio vuelta para arrojar la colilla y se encontró con un muro de
oscuridad: un tsunami de desperdicios se alzaba varios metros por encima
de su cabeza. No llegó a comprender las dimensiones del horror de lo
que vendría. La basura se estrelló contra los hombres y comenzó a correr
por la autopista con una impetuosidad que, aparentemente, no tenía
visos de terminar. Pronto alcanzaría las calles, las arterias menores.

Y el corazón de la Ciudad.


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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:30 pm

TRAUMAS DE GUERRA

Todo comenzó una deprimente noche de invierno en la antigua Yugoslavia,
lo recuerdo por el hedor putrefacto de esa sopa extraña que me
ofrecieron aquellas "amables ancianas" de aspecto andrajoso, nariz
alargada y túnicas exóticas cuando me encontraron a punto de morir a
causa del crudo invierno que sorprendió la tropa a la que pertenecía.

No había recuperado completamente la conciencia cuando una cucharada de
esa repugnante mezcla ya hacia en mi boca sin fuerzas para mascar; yo
solo trague como por instinto mientras observaba otras 2 ancianas que se
cuchicheaban y me miraban con ojos de desprecio. Quizá habían
descubierto que yo era un soldado británico enemigo y querían deshacerse
de mi de una manera cruel o entregarme a las autoridades, hacerme
prisionero y torturarme o quizá...
de pronto todas esas ideas agobiaron mi cabeza y cuando estaba apunto de
gritar por la desgracia que creía me esperaba, un fuerte dolor de
cabeza me dejó inconsciente de nuevo.

Desperté después de lo que para mi había sido una eternidad pero mi
reloj de pulsera marcaba como 30 minutos. Ya no estaba con esas
horribles viejas y su indeglutible sopa; por un instante me sentí
tranquilo hasta que en un intento por mover mi brazo me di cuenta de la
realidad en la que me encontraba pues estaba completamente inmovilizado
con cuerdas sujetas a lo que parecía un artefacto de tortura, después vi
hacia las paredes: una estructura de metal con manchas de un rojo tan
vivo que dudosamente pasaría por pintura. ¿Dónde estaba?, ¿Quienes eran
esas ancianas?, ¿Qué querían?... Fue cuando volvió ese recuerdo a mi
mente: días atrás había oído platicar a un general una antigua leyenda
eslava, dicha leyenda hacía referencia a una aldea ubicada en las
cercanías de nuestro campamento militar, aldea habitada por mujeres que
habían quedado viudas a causa de la guerra y habían dedicado sus vidas a
la practica de las artes obscuras.

Pero, ¿sería eso posible? acaso esas mujeres eran..., El sonido de una
puerta abriéndose interrumpió súbitamente mis pensamientos, comencé a
sudar frío y mis latidos sobrepasaban las 80 pulsaciones por minuto,
parecía que estaba a punto de un ataque cardíaco, de nuevo vi una
anciana que entraba por la puerta y se dirigía sigilosa hacia la palanca
que estaba a un costado mio, para acabar mi ruina, la palanca parecía
activar el complejo mecanismo de poleas que hacia funcionar la máquina a
la que me hallaba atado.

Después de eso todo fue mucho menos pensado y mucho mas doloroso, la
maquina separaba cada uno de mis miembros con una rudeza propia del
demonio, el dolor aumentaba más y más hasta que se hizo insoportable y
entre gritos sollozos y maldiciones quede desmayado para despertar aquí,
en este cuarto acolchonado con esta maldita camisa de fuerza; se lo que
piensan, pero yo se que no estoy loco!, tengo evidencias!... aunque eso
no sirva de nada cuando le cuento una y otra vez lo mismo al psiquiatra
que aquí me atiende; pues él dice que la única verdad que le digo es la
de la tropa que desapareció el siglo pasado en aquella guerra y de la
que nunca se supo nada.

Alguien algún día podrá explicar mi suceso, es por eso que dejo mi
testimonio escrito en este pedazo de papel amarillento que he podido
extraer del inodoro, no quiero pasar aquí el resto de mi vida, yo se que
digo la verdad...

Att: Cadete Alfred Gudegrin.
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:31 pm

DUENDES DE LA BARRANCA

Ramón regresaba a su rancho por la barranca; acostumbraba esa ruta para
acortar el camino, aunque muy pocos lo hacían pues, se decía que cosas
raras sucedían en ese lugar. La más conocida era que... Había duendes.
Ramón ni siquiera pensó en eso cuando descendía el sinuoso y angosto
camino a lomo de caballo; allá en el fondo se veía el lecho seco y
arenoso con grandes y frondosos árboles en la rivera, algunos mostraban
una maraña de raíces producto de las grandes crecientes, que furiosas
bajaban de la montaña en tiempo de lluvias arrastrando todo a su paso.

El sol caía a plomo a esa hora del día; ahora ya su caballo se
desplazaba perezosamente por la veredita del meandro. Aunque los árboles
frondosos abundaban, su objetivo para sestear un poco era aquella
enorme higuera que se encontraba mas adelante, siempre la procuraba por
la frescura de su amplia sombra. Sintió una agradable sensación cuando
estuvo bajo sus enormes ramas y su inmenso follaje; amarró su caballo
con cuerda holgada para que pudiese mordisquear la fresca hierba, que la
mantenía así el arroyuelo de cristalinas aguas que cantarín bajaba de
los cercanos peñascos donde nacía, pasando enseguida por debajo de las
gruesas raíces del gigante, formando así en la base de su tallo una gran
concavidad.
Con la cantimplora en la mano se sentó en su piedra favorita, se
quitó el sombrero y degustó un prolongado trago de agua; echó un vistazo
al entorno, realmente era un lugar muy agradable, no se explicaba
porque la gente temía esos parajes tan bonitos. Se dio cuenta que casi
se acabó el agua, por lo que se paró y se dirigió al arroyito para
reponerla. Cuando lo hacía fue que escucho aquellas risillas; quizá se
lo imaginó pensó, o tal vez confundió el trinar de algunos pájaros y el
graznar de otros que en gran numero habitaban bulliciosos en el
follaje. Regresó a sentarse y ahora oyó mas claras aquellas risitas,
alguien se reía, parecían de niños pero... ¿Niños en aquel lugar?... Ni
pensarlo, que raro, figuraciones mías, se dijo.
Convencido de esto último, siguió disfrutando del lugar y el
momento. De pronto sintió en la espalda un agudo pinchazo, luego otro y
otro, en seguida las burlonas risas se multiplicaron. Ramón se puso de
pie con sobresalto escudriñando con la mirada su alrededor, no vio nada,
todo lo envolvió un extraño silencio en que solo se escuchaba la
pequeña turbulencia del arroyo. Aunque intrigado trató de serenarse, tal
vez lo imaginó pero, sentía el ardor en la espalda y esto era real.
Echando un último vistazo para todos lados dio otro sorbo de agua a su
cantimplora, lo mejor sería reanudar su camino pensó; el sol en lo alto
comenzaba a declinar.
Estaba a punto de volver a ponerse de pie cuando, los extraños
pinchazos le llovieron por todo el cuerpo. Ahora si vio claramente de
que se trataba; alguien desde los arbustos cercanos a las enormes raíces
de la higuera, le estaban lanzando piedritas como pequeños aguijones.
Con quemante curiosidad se encaminó hacia ese lugar y ya con coraje
aparto con brusquedad la maleza; lo que vio lo dejo sin habla, decenas
de pequeños seres como de veinte centímetros de altura, con cerbatanas
de tallos eran los que lo bombardeaban. Estos al verse sorprendidos, con
increíble agilidad se escabulleron escondiéndose, al tiempo que se
reían de aquella broma de mal gusto.
Ramón estaba estupefacto ante esos increíbles seres de
estrambótico vestir llenos de colorido, solo atino a pronunciar atónito
___ ¡Duendes!___ Seguidamente, desde diferentes posiciones, redoblaron
el ataque aquellas fantásticas criaturas que al parecer, solo querían
jugar. Quiso huir dando la media vuelta pero, sintió entonces que se
empezaba a entumir, el cuerpo le pesaba, los ojos se le cerraban y como
en una pesadilla lentamente se desplomó. Estaba inmóvil boca arriba, aun
no perdía la conciencia cuando vio como aquellos diablillos salían de
sus escondites y cautelosos se acercaban poco a poco, ahora se daba
cuenta, algunos de los pinchazos seguramente no eran piedritas, sino
dardos somníferos, lo habían cazado, el intenso sueño lo vencía
rápidamente y, ya no supo más.
Abrió los ojos lentamente saliendo de su inconsciencia, le pesaban
los párpados el cuerpo le dolía; allá, en las alturas, la luna brillaba
con tanta intensidad que hasta le lastimaba la vista, el cielo
tachonado de estrellas estaba en todo su esplendor. Trató de recordar,
si, lo último fue que aquellos minúsculos hombrecillos se le acercaban
cautelosos ¿qué hora será? Pensó, seguramente es la madrugada, se quiso
mover y no pudo; con gran asombro descubrió entonces que estaba atado a
cuatro estacas clavadas en el suelo. Tensó los músculos he hizo grandes
esfuerzos para soltarse pero, todo en vano, lo habían amarrado
fuertemente con lianas de bejucos; aquellos seres de los cuentos eran
expertos, ahora comprobaba que existían realmente y recordó lo que decía
la gente, les encanta jugar bromas y esta parecía ser una de ellas.
No supo cuanto tiempo pasó, nuevamente estaba entumido pero ahora
de cansancio y además el frío era intenso. Las primeras luces del alba
comenzaron a clarear, luego los tiernos rayos del sol y la gran
algarabía de los pájaros, la nueva mañana lo sorprendió impotente.
Entonces se animó a gritar a todo pulmón... ___¡Auxiliooooo!
¡Socorrooooo! ¡Auxiliooooo!___ Y así siguió gritando, hasta que
escuchó una cabalgadura que se acercaba . Sintió alivió cuando se dio
cuenta que era un lechero que venía de ordeñar, este se le quedó viendo y
no necesitó explicaciones; levantó un poco el sombrero para rascarse y
tranquilamente le dijo... ___¡Otro mas que le juegan una broma los
duendes!... ¡Epa amigo! ... ¡De seguro se sentó a sestear a la sombra de
la higuera!... ¡Algunos no creen en los duendes, pero en esta barranca
hay muchos, y son rete juguetones! ... ¡Déle gracias a Dios que yo
diario paso por aquí muy temprano amigo! ... ¡Ahorita lo desato...
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:32 pm

OYES ALGO?

¿Tienes miedo?¿Por qué deberías?. Porqué allí está, acechante, esperando que te duermas para despertarse de su sueño.
¿Quién? Alguien que espera y escucha.
¿Dónde? En un lugar oscuro, hímedo, al que casi nadie puede llegar y
alégrate de no poder, porqué si lo consigues él habrá ganado y pasará.
¿El qué? El hecho final, la última peiza del rompecabezas, y entonces,
se levantará, se arrastrará por las sucias y mojadas baldosas de su
guarida, y te buscará.
¿Por qué? Eso sólo lo sabe la última persona que hace 666 años, lo deespertó. Pero eso es pasado.
Ahora te busca a ti, pero no te asustes, mientras en tu casa no haya
humedades y no se vuelva cada mas oscura, no habrás entrado en Tumur, su
casa. O si. Ella no lo creía, se llamaba Sandra y al final resultó que
si
Primero una cierta humedad ambiental, seguidamente crecerán plantas en
los rincones, lugo habrá menos luminosidad, mas tarde oirás gotas
cayendo y finalmente olerás agua estancada en tu casa. Para entonces te
darás cuenta de que está en la penumbra, húmeda, surcada de plantas con
raíces palpitantes, con el sonido de fondo de gotas cayendo y el
desagradable olor. Entonces oirás un gorgogeo y notarás un tacto húmedo
en la cara.
¿Dormirás esta noche? Seguro que si. O no. Puede que te despiertes oyendo grrroo, grrroo...




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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:33 pm

EL CRIMEN PERFECTO EXISTE

Esta historia ocurrió hace mucho tiempo se calcula que en el siglo XVIII
en un lugar que se desconoce, se cree que en Inglaterra.
Se trataba de un hombre de unos 36 años que vivia en una familia
adinerada y poseia lo que el dinero no puede comprar: una magnifica
mente y una gran inteligencia.
El hombre vivia preferia vivir apartado porque era ofendido con gran
facilidad, un buen dia mataron a su padre para poder quedarse con su
mansión y gran fortuna. El hombre se vio obligado a vivir en la mas pura
miseria y su odió era cada dia mas intenso para el hombre que mató su
padre: su cuñado, por lo que empezó a elaborar un minucioso y astuto
plan para asesinarlo.
El joven se disfrazó de un gran noble y engañó al cuñado diciéndole que
le queria comprar uno de sus terrenos, el cuñado al oir eso le invitó a
entrar a su casa pero el jóven sabia que no podia cometer el crimen en
casa del cuñado, porque seria presenciado por los empleados, el joven ya
habia pensado en ese detalle y habia comprado una botella de whisky al
que le habia añadido un potente somnifero al que el era inmune porque
habia estado consumiendo en pequeñas dosis para acostumbrarse a sus
efectos.
Le ofreció una copa del licor y el se tomó otra para que no sospecharán y
los dos se acabarón la copa entera, el jóven como sabia que el cuñado
era un aficionado al montañismo le propuso hacer una escalada antes que
el somnifero le hiciese efecto, el cuñado no pretendia salir de su casa
asi que el joven le dijo que si le ganaba le daria 200 monedas de oro,
el cuñado no se lo pensó dos veces y aceptó.
Camino a la montaña, en el bosque, el somnifero le hizo efecto al cuñado
y se durmió inevitablemente por el camino, entoces fue cuando el joven
decidió actuar, pero no queria dejar un rastro de sagre, asi que se lo
llevó a su casa mientras aún estaba durmiendo y una vez alli quemó su
disfraz y las ropas del cuñado, después lo desangró en la bañera, lo
descuartizó en trozos bien pequeños y los carbonizó para volverlos
irreconocibles, y mezcló las cenizas con cemento que una vez seco lanzo
al mar.
Y cuando acabó con él, realizó una escrupulosa limpieza en su casa para no dejar ni una sola pista.
Nunca nadie le descubrió en vida, su historia se conoce porque la apuntó
toda en su diario personal, se rumorea que empezó a asesinar a
vagabundos y prostitutas por puro placer con planes cada vez mas
sangrientos y minuciosos, pero nadie lo sabe porque era tal su
profesionalidad y discrección que nunca nadie le descubrió, y el único
que le decubrió acabó siendo estrangulado con sus propias tripas
mientras seguía vivo...
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:33 pm

OTRA ALMA EN PENA

Recuerdo cuando vivia en casa de mi abuela, la casa era grande, amplia
con grandes puertas antiguas con bruscos candados que ya no cerraban.
Recuerdo claramente las escaleras de la casa, amplios, recuerdo que
todos los nietos de mi abuela subiamos y bajabamos corriendo.
Eran unos esclaones divertidos al parecer pero en un momento deje de verlo asi.
Deje de verlo asi cuando por primera vez, vi a ella bajando los escalones.
Una anciana de cabello blanco, cara no muy arrugada, vestido blanco y
tacones, elegante sin duda, pero ella no existia. Al principio pense que
era mi imaginacion pero no era asi. Ella estaba ahi y no estaba viva.
La vi asi durante mucho mucho tiempo...
Volveré, y se que la vere y le preguntaré
¿Que necesita?
Espero que no responda, y si lo hace, por lo menos se que sus restos estan enterrados en el patio trasero...
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:34 pm

EL DIA EN EL QUE EL INFIERNO SUBIO A LA TIERRA

El sonido ensordecedor de un relámpago anuncia la llegada de la noche,
se comienza a escuchar el canto agudo de los cuervos a la oscuridad. Los
cielos se tornan de un negro agudo jamás antes visto y a la vez un
enceguecedor relámpago rojo azota violentamente el suelo haciéndolo
crujir y agrietarse.

Desde las profundidades del pavimento comienza a salir la lava ardiente
junto con miles de demonios de figuras espectrales acechantes armados
con dagas y tridentes con sed de sangre y muerte una sinfónica
conformada por mil ángeles negros entonan su música fúnebre creando un
ambiente de maldición y depresión acompañados con los gritos y llantos
de las personas asustadas los cuales les sirven de coro a aquella
melodía siniestra.

La luna comienza a tornarse roja a medida que los lobos lanzan sus
aullidos hacia ella, los ecos de la muerte comienzan a invadir el
ambiente poco a poco, las personas comienzan a caer al suelo sus vidas
han sido apagadas y los demonios comienzan a celebrar su guerra ya
ganada. Del cielo comienza a caer un diluvio de agua con un sabor agrio,
son las lagrimas de millones de ángeles, vírgenes y santos los cuales
lloran con impotencia la desgracia que está ocurriendo en el mundo esta
vez los rezos y Dios no sirvieron de mucho, el daño ya estaba hecho y
los demonios danzaban victoriosos sobre las personas muertas y
agonizantes aclamando la aparición de su maestro.

Pocos humanos sobrevivieron a los hechos, pero el recuerdo de ese día
jamás será borrado de sus mentes, el día de los relámpagos rojos y la
lluvia de lágrimas… el día que el infierno subió a la tierra.
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:35 pm

MIENTRAS DORMIAS

Hay un restaurante en el centro de Madrid, que está pegado a un Hotel
lujoso que se encuentra en reformas. Lo que separa el restaurante del
Hotel es una pared con puerta acristalada que da a un pasillo oscuro y
dos ventanas bien grandes, por lo que se puede ver el interior del Hotel
desde el restaurante.
El restaurante es pequeño y típico español para clientela turística al
que se accede subiendo a un primer piso en el que trabajan allí 5
personas. Es un edificio de 150 años y remodelado y por lo visto,
bastante pesado, fantasmagóricamente hablando.

Los trabajadores muchas veces ven, oyen y sienten cosas de difícil
explicación como las típicas puertas que se abren solas o grifos que se
abren de repente, pero muy de vez en cuando.
Más de un sobresalto se han dado los camareros al ver por las ventanas
que dan al Hotel a un hombre de negro con corbata roja, pero nunca se le
ve el rostro. Algo imposible, ya que al Hotel solo entran obreros hasta
las ocho de la tarde que acaba la jornada, y el hombre éste siempre
aparece de noche.

Un día, como muchos otros, el encargado se quedó después de cerrar para
hacer las gestiones económicas del local. Ya estaba terminando, cuando
empezó a sentir mucho sueño, le pesaba todo el cuerpo, se levantó, se
hizo una cama con las sillas y se durmió.
Sobre las cuatro empezó a sentir frío y pensó que se habría dejado
alguna ventana exterior abierta, fue a levantarse, pero no pudo, no pudo
mover un músculo, ni si quiera abrir los ojos. De repente, al lado
suya, una voz de niño, se echó a reír y a partir de ahí se empezaron a
escuchar multitud de carcajadas de toda clase de personas, y no solo
carcajadas, también hablaban entre ellos, en idiomas que él no entendía.
Intentó hablar, pero no podía mover la boca, no podía moverse de
ninguna manera, solo escuchar asustado como voces de a saber donde le
rodeaban.

Desesperado y aterrorizado, así estuvo hasta la mañana, en cuanto
llegaron sus compañeros callaron todas las voces, pero seguía sin poder
moverse. Oía como sus compañeros se reían de él creyendo que estaba
dormido, hasta que uno de ellos le toco.
En cuanto le tocó se levantó de golpe y soltó un grito de desesperación, por lo que sobresaltó a sus compañeros.

El encargado contó su experiencia a los demás y abandonó el trabajo inmediatamente.
Otro día, un cocinero intentó clavarle un cuchillo a un camarero
mientras éste atendía a unos clientes. El cocinero le dijo a la policía
que en esos momentos no era él, que estaba como poseído.


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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:50 pm

CUANDO DEJES DE LLORAR

¿Podría una madre olvidarse del hijo de sus entrañas?
Pues yo nunca me podré olvidar. Is. 49,15.
Empezó a oír el llanto antes de entrar a la casa.
El hombre volvió del trabajo con el último aliento de la tarde,
arrastrando su sombra a través de las calles. En todo su aspecto
lánguido y demacrado se notaba el agotamiento físico y la falta de sueño
que su cuerpo venía reclamando a gritos.
— ¡Querida, ya llegué! —anunció el hombre en el quicio de la puerta.
No le sorprendió la ausencia de respuesta ni el hecho de que nadie
venga a recibirlo. Sin embargo, el llanto constante como sonido de fondo
resultó tan molesto para sus nervios siempre alterados, que a pesar de
que llegaba amortiguado por la distancia, lo sintió como si una manada
de gatos estuviera aullando adentro de su cabeza.
El señor Gómez apoyó su maletín sobre una repisa, se quitó el saco, lo
colgó en el perchero y aflojó el nudo de su corbata. Luego fue hasta el
baño, se arremangó los puños de la camisa y se lavó la cara y las manos
con abundante agua. Finalmente volvió al salón comedor y se dejó caer
en la silla exhalando un suspiro.
— Uff, no doy más… —resopló.
Se inclinó hacia adelante, apoyó los codos sobre la mesa y miró su
imagen reflejada en el vidrio de la biblioteca. Negras ojeras subrayando
los ojos enrojecidos, piel anémica y grasienta bajo una barba de cinco
días, la espalda encorvada y la expresión ausente en la mirada, formaban
el conjunto calamitoso de su figura.
Una punzada de dolor en las sienes lo hizo desviar la vista de aquel
cuadro. El llanto susurraba en sus oídos una retahíla de reclamos y
lamentos, en un lenguaje visceral compuesto por lacrimosos gemidos.
— ¡Marta, ya llegué! —volvió a gritar, esta vez alzando más el tono de voz.
A continuación se escuchó un ruidoso traqueteo de ollas y utensilios
de cocina, unos pasos nerviosos que se acercaban y luego la señora Gómez
se asomó por una puerta lateral. Llevaba un delantal cuyo color
original había sucumbido hacía tiempo bajo sucesivas capas de mugre, un
hacha de cocina chorreando sangre en la mano derecha y el pelo largo y
crespo recogido en una cola de caballo.
— Alberto, no te escuché entrar —dijo la mujer, jadeando—. ¿Cómo estuvo tu día?
Igual que el anterior, y el anterior, y los que vendrán… hasta el fin de los días, pensó él.
— Bien, bien… —respondió con voz cansada—. ¿Qué hay de cenar?
— Sopa de verduras —dijo la mujer, y se limpió el sudor de la frente con el borde del delantal.
El hombre suspiró. La señora Gómez adivinó el gesto de fastidio en el
semblante de su marido, por eso salió de la cocina y se paró frente a él
cruzada de brazos, en actitud desafiante.
— Alberto, ¿qué te pasa? —le espetó.
La pregunta era ya ritual. Ella sabía tan bien como él que su vida era
un asco. Que había visto cómo sus sueños se derrumbaban uno a uno hasta
quedar convertidos en un montón de ruinas. Que se sentía aplastado como
una cucaracha por una rutina vacía y sin sentido: del trabajo a casa y
de casa al trabajo, y a eso había que sumarle las “horas extras” que
demandaba ser padre de familia.
— Nada, Marta…
No pasa nada, repitió, y sin embargo la montaña de basura adentro de
su cabeza empezaba a alzarse como un dios terrible al que había que
alabar y rendir tributo.
— Alberto, por favor, no empecemos otra vez…—dijo la mujer, cuando tuvo un súbito presentimiento. El instinto materno.
Un grito horrible atravesó la habitación. El llanto se tornó alarido
lastimoso, una letanía sonora y discordante que desgarró los oídos del
matrimonio. La mujer miró al hombre. El hombre miró al piso y luego a su
mujer.
— Deben tener hambre —dijo la señora Gómez.
— Siempre tienen hambre, Marta, siempre —respondió el hombre con dureza—. ¡Hacelos callar, por el amor de dios!
— Pero… Alberto, ¿qué te pasa?
— Me pasa que no los soporto más, ¡me van a quemar la cabeza!
— No hables así, por favor.
— ¿Por qué? Si son unos malcriados de mierda, Marta.
— ¡Alberto!
El hombre la miró con un brutal deseo de insultarla. Los ojos llenos de un frío aborrecimiento.
Ante ese arrebato contenido, la mujer se envalentonó y le echó en cara
todo lo que pensaba. Le dijo que él era el culpable de su angustia, que
le había arruinado la vida, que era un desalmado sin corazón y que a
veces tenía deseos de matarlo como a un perro.
— Sos un hijo de puta, Alberto.
El hombre se paró frente a ella, dispuesto a golpearla, pero contuvo
su irritación ante una visión deprimente. Por un momento, el señor Gómez
sintió que se estaba reflejando en un espejo: igual de cadavérico era
el rostro de su esposa, igual de sombría su mirada, igual de abatido el
cuerpo de la mujer de la que alguna vez estuvo enamorado.
— Marta.
— Alberto.
Ambos se miraron, fingiendo reconocerse el uno en el otro, evocando un
pasado irreal de tan distante, pero que a fuerza de repetición terminó
siendo la única realidad posible.
— ¿Te acordás cuando éramos novios?
— Sí. Éramos jóvenes. Eso fue hace mucho tiempo —reflexionó ella.
— Antes de que empieces a tener hijos —dijo él, casi en tono de reproche.
— Antes de que “empecemos” a tener hijos, Alberto —corrigió ella—, ¿no estarás insinuando que…?
— No, Marta, yo no insinúo nada.
Se sentían como si fueran los únicos sobrevivientes de una terrible
tragedia: sólo los unía la resignación mutua, la pesadilla común de
haber atravesado juntos el infierno.
El horror compartido.
— Alberto…
— ¿Qué, Marta?
— ¿Todavía me querés?
Silencio.
— Sí —mintió él—. ¿Y vos?
Otra vez silencio.
— Yo también —mintió ella.
En ese momento el llanto se intensificó, acompañado por un alarido
horrendo. Sin decir una palabra, activado por una súbita energía de
reserva en su cuerpo, el hombre se dio vuelta con ímpetu y se dirigió a
grandes pasos a las habitaciones. Se paró frente a una de ellas y
reventó la puerta de una patada.
Allí, agazapado en un rincón, un niño como de siete años lo recibió
con un insulto. Espumarajos de rabia brotaban de su boca con cada
injuria, los ojos hinchados, rojos, la cara desfigurada por la ira.
El hombre se precipitó adentro del cuarto y cuando estiró el brazo
para agarrarlo el niño le mordió la mano. El señor Gómez miró la sangre
alrededor de la media luna marcada con los dientes y le respondió con
una violenta patada en las costillas.
— Vení para acá, mocoso de porquería —escupió.
Lo sacó de la habitación a la fuerza y lo arrastró a través de un
oscuro pasillo, seguido de cerca por su esposa. El niño berreaba, se
sacudía y pataleaba, convulsionado por una mezcla de bronca e
impotencia.
El corredor desembocó en una puerta. El hombre la abrió y la escalera
del sótano descubrió frente a ellos los primeros escalones, ya que el
resto permanecía tragado por la oscuridad. El señor Gómez soltó al niño y
de un empujón lo hizo rodar escaleras abajo.
El hombre y la mujer descendieron y se detuvieron a mitad del
trayecto. El niño se incorporó y permaneció de pie en el fondo del
subsuelo, temblando, rodeado por un mundo de tinieblas. El llanto que
hacía instantes laceraba los oídos del matrimonio cesó de repente, y la
casa quedó sumida en el silencio más absoluto.
Pasaron, quizá, diez segundos.
De pronto, fue como si la propia oscuridad cobrara vida. Primero se
oyeron ruidos de cadenas que se arrastraban, luego unas formas
indefinidas se movieron en la penumbra, hasta que al fin emergieron de
la sombra y se recortaron nítidamente contra el fondo negro: una docena
de mandíbulas cuadradas, del tamaño de una cabeza, con dos hileras de
colmillos brillantes como el acero.
Olfatearon el miedo. El miedo era su alimento.
Un terror animal se apoderó del pequeño. A su alrededor, las quijadas
mugían y se acercaban, abriendo y cerrando sus grandes fauces con
voracidad. El niño apenas pudo procesar en su esquema mental lo que
estaba ocurriendo. La locura lo invadió y se extendió por todo su ser
como una enfermedad, haciendo colapsar su sentido de realidad. Y en su
lugar sólo quedó un horror ciego, sin matices. El puro miedo.
Pero la pesadilla para él duró poco: las mandíbulas, atacadas por una
creciente sensación de gula bestial, cayeron sobre el cuerpo del niño
desgarrando la carne, triturando el hueso, cortando de cuajo el aliento
contenido. La jauría se disputaba con ferocidad los restos de la
víctima, tironeando de cada extremo, hasta que el cuerpo no tardó en
quedar desmembrado en medio de un río de sangre.
El matrimonio contemplaba el espectáculo con frialdad.
— ¿Ese era el último? —preguntó la mujer.
El hombre asintió con la cabeza.
— No les durará mucho —agregó.
— No —dijo el hombre—. Esperemos que al menos nos dejen dormir.
— Sí —respondió la mujer.
El festín estaba llegando a su término cuando el matrimonio dio media
vuelta y salió del sótano en silencio. Cerraron la puerta despacio, con
una sensación de placentera calma en el rostro, como dos drogadictos que
se dieron un toque después de varias horas de involuntaria abstinencia.

Volvían a la sala tomados del brazo, un matrimonio feliz, cuando la
mujer pareció desvanecerse. Se echó sobre el pecho del hombre y se llevó
una mano a la boca, ahogando un grito.
— Marta, ¿qué te pasa?
— ¡Alberto! —gritó. El cuerpo se le dobló en una súbita contracción—. Me parece que…
— ¡¿Qué?! —gritó el hombre.
La señora Gómez se aferró con fuerza de ambos brazos de su marido,
clavándole las uñas en la carne. La cara se le contrajo en una mueca
convulsionada por el dolor.
Una aureola de sangre comenzó a crecer en el delantal, en la zona del vientre.
La mujer respiraba con dificultad. Inhaló y exhaló con fuerza varias
veces. Mugió como una bestia hasta inyectarse de sangre el rostro.
Flexionó las rodillas, hizo un último esfuerzo, lanzó un grito y luego
suspiró.
Acto seguido, una pata negra y velluda asomó por debajo del delantal,
tanteando en el vacío. Luego, una a una, se desplegaron ocho patas más, y
finalmente una bola viviente cayó al piso haciendo un ¡plop! junto con
un chorro de líquido sanguinolento.
La mujer volvió a suspirar, esta vez con alivio.
El hombre observó todo con impavidez, ni siquiera cuando la mujer
vomitó sobre su camisa hubo un gesto o contracción en los músculos que
delatara alguna emoción en su rostro.
— Otra boca más que alimentar —dijo inexpresivamente, mirando al
monstruo retorcerse en el piso: no tenía ojos, nariz, ni otra cosa que
deformara o embelleciera su aberrante fisionomía, solo una boca negra
con dos hileras de filosos colmillos, y patas de tarántula naciendo
alrededor.
La mujer levantó en brazos al fruto contrahecho de sus entrañas, abrió
la puerta del sótano y, antes de hundirse en la oscuridad junto a su
nueva descendencia, se volvió hacia su marido.
— Debe tener hambre, Alberto —dijo en tono maternal.
El hombre comprendió el metamensaje en las palabras de su mujer.
El llanto agudo del recién nacido comenzó a resonar en el interior de
su cabeza: la llamada terrible, perentoria, de la cría, y sintió que su
chillido se le clavaba como cientos de navajas en el cráneo.
— Voy por mi abrigo —dijo con resignación.
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:50 pm

EL ESPECTRO DEL PUENTE

Esta es una historia real ocurrida en los años 60, cuando en mi ciudad el alumbrado era apenas visible en la noche.
Cuenta mi padre que es una persona enteramente no creyente, que al salir
una tarde al colegio llevaba sus libros atados con una cuerda, pensando
en como resolver aquella noche su examen de literatura, aún faltaban 20
minutos para caer el sol y caminaba deprisa para no atrasarse a la hora
de su entrada.
Obligadamente su camino diario exigía que pasara por un antigüo puente de piedra con poca altura en relación al río.
Esa tarde me dijo que había crecido el río por una tormenta y resultaba bastante estrepitosa la corriente.
Al terminar la clase por la noche y después de haber superado el examen
de literatura se encaminó a casa junto con un amigo para hacer el camino
más llevadero, al alcanzar la calle que acerca al rio los dos miraron
muy a lo lejos una extraña luz que se vislumbraba entre las sombras.
Simplemente siguieron caminando pero poco a poco al acercarse al puente
miraron como esa luz tenue danzaba como de lado a lado, haciendo zig-zag
en medio del río, sus ojos no daban crédito a la luz que cada vez se
iba acercando más a ellos.
Pronto detuvieron su camino y pudieron ver desde la mitad del puente la
figura de un espectro que flotaba de pie sobre las turbulentas aguas con
una pesado tronco sobre su espalda, su cabello largo y oscuro
completamente mojado. Lo último que recuerda mi padre y su amigo antes
de quedar por unos largos minutos catatónicos del miedo, es que era como
un hombre sin rostro.
Aquella noche no llovió pero al volver nuevamente en si, tanto el cómo
su amigo estaban completamente mojados y sus libros habían desaparecido,
solamente quedaban las cuerdas.
Al no llegar pronto a casa mi abuelo, que en paz descanse, bajó en su
búsqueda y encontró a los muchachos aún temblando, sin saber que decir y
como decirlo..
Mi abuelo pensó que les había escupido el río, no daba crédito a lo que
habían visto, entonces los tres escucharon un extraño ruido como un
lamento al otro lado del rio y el mismo espectro desaparecía entre la
bruma del rio.
Mi padre no pudo dormir bien en mucho tiempo y su amigo se le encaneció
el cabello, mi abuelo decidió que nunca más volverían a pasar solos por
aquel camino.
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:51 pm

EL MEDIUM

Todo empezó en el transcurso de una noche cerrada; las calles no estaban
iluminadas e hileras de árboles las bordeaban a ambos lados, haciendo
que la oscuridad fuera casi absoluta; yo caminaba perdido entre aquel
mar de tinieblas cuando al llegar a una parte más abierta, donde no
había árboles, ví que alguien se acercaba caminando en dirección
contraria; era una silueta ancha y baja, y avanzaba de forma errática
dando tumbos y murmurando incoherencias; yo seguí mi camino fingiendo no
verle, pero el otro transeunte torció bruscamente su rumbo
abalanzándose hacia mí cuando pasó a mi lado y en lugar de chocar contra
mí: sentí como me atravesaba, provocándome un intenso escalofrío.
Cuando miré a mi alrededor no ví a nadie: había tenido mi primer
encuentro.
Años más tarde me encontraba pasando el verano en el pueblo de mis
padres; yo estaba sentado en el alféizar de la ventana con la mirada
perdida en la cercana negrura del bosque cuando ví a una procesión de
fantasmas desfilando frente a mis ojos atónitos; algunos no estaban
enteros, sólo eran un torso o una cabeza flotando en el aire; otros eran
cuerpos enteros, también había esqueletos vestidos con harapos;
avanzaban en fila, levitando o caminando y parecían arrastrar el peso de
un intenso dolor.
En una noche clara de luna llena, atravesaba a pie una zona formada por
cerros y grutas coronadas por montes oscuros y bajos; me encontraba
acompañado de un amigo llamado Elías y mi perro “Toby”, bajábamos por
cuestas empinadas, subíamos por las laderas de los cerros, y
atravesábamos pastizales que nos igualaban en altura. Encontramos un
delgado sendero y lo seguimos durante un largo trecho; el terreno
ascendía sinuoso hasta una cumbre rocosa seguido por un descenso
pronunciado que conducía hasta un monte que se extendía a través del
llano. Súbitamente, el paisaje comenzó a oscurecerse. Levanté la vista y
vi que unas nubes delgadas y muy bajas iban cubriendo la luna. A los
pocos minutos nos cubrió una niebla espesa y las formas de nuestro
entorno parecieron fundirse en una masa grís oscura. Mi perro comenzó a
gruñir, a Elías apenas lo veía, era como estar en el interior de una
nube, de pronto sentí que una mano se posaba en mi hombro y cuando me
giré ví aquel rostro blanquecino de ojos vidriosos mirándome fijamente y
en sus labios resecos lo que parecía una mueca de dolor; pude oir su
voz lastimera susurrando: “Ayúdame”
Regresaba de una fiesta y cuando bajé del Taxi, miré mi reloj; eran las
tres de la madrugada. Al tantear el bolsillo en donde guardaba las
llaves de casa, volví la vista hacia el conductor cuando ví el rostro
del ser que ocupaba el asiento trasero del vehículo; me había acompañado
durante todo el trayecto sin que yo percatara su presencia: el pálido
rostro de una anciana de tez marchita y cadavérica me observó durante
unos segundos a través del cristal hasta que el coche arrancó. Hizo una
señal con la mano despidiéndose con una plácida sonrisa mientras el
coche se alejaba.

Durante todos estos años he estado ejerciendo el papel para el cual he
sido designado por el destino; y lo he hecho lo mejor que he podido; he
desempeñado el papel de intermediario entre ambos mundos proporcionando
consuelo a los familiares de los difuntos y transmitiendo mensajes de un
lado a otro, pero de un tiempo a esta parte me he visto desbordado por
el número de presencias que se congregan a mi alrededor de forma
constante; su número ha crecido sin parar hasta saturar mi entorno de
sombras incorpóreas que hablan entre susurros y aunque sus voces puedan
sonarme a ecos de una letanía confusa y sollozante, no sucede lo mismo
con el contenido de sus mensajes ya que estos son claros y explícitos:
hablan de eventos terribles que tendrán lugar en fechas venideras y muy
próximas en el tiempo y ellos han venido para asistir y guiar al enorme
número de almas que tendrán que prepararse para emprender el camino
hacia el otro mundo.
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:51 pm

LA MALDICION DE LA NO NACIDA

Cuando desperté, ya la había perdido. Lloré como nunca y contemplé mi
hinchado vientre, pero ya no porque estuviera ella ahí, solo por la
inflamación que produjo la salida prematura de su pequeño e indefenso
cuerpo. Al verla en ese recipiente, inerte y fría mi corazón cayó en mil
pedazos. Tomé su fría y ensangrentada manita y la besé, no me importó
que la sangre dibujara una mancha macabra alrededor de mi boca. Dejarla
ir fue doloroso, pero mas lo fue quedarme sentada en esa pútrida sala de
velación, observé el pequeño féretro blanco que se llevaba la luz de
mis ojos: Mi hija. Después del entierro me aislé, nunca volví a sonreír
pues mis fuerzas habían muerto con ella y mis ganas de vivir están
enterradas en el camposanto.
Ya no me queda nada…
¡¡Es un milagro!! Ayer vi a mi hija, sentada en la alfombra de su
habitación, sabía que había un error y que ella estaba viva. Ha pasado 1
año y por fin tengo de vuelta a mi hija. Mi marido parece no querer
reconocerla, dice que estoy consternada por la muerte de nuestra hija.
¡Pero ella está allí!, juego ahora mismo con ella ¿Por qué no quiere
verla? ¡Mira! ¡Aquí está! ¡La estoy cargando en brazos!. Esta bien, vete
hombre malo. Los días pasan y mi hija crece y crece, nadie quiere
verla, pero yo la tengo aquí en mis brazos, sentada en la mecedora le
arrullo. Envuelta en esta cobija roja está ella; mis padres, mi marido,
mis amigos, todos dicen que esto me afecta, que no quiero dejarla ir, ¿Y
como dejarla ir si ella está aquí conmigo?.
He discutido con mi marido, dice que si no dejo este jueguito me
internará en un manicomio, ¿Cuál juego? Solo cuido que mi hija, quien
duerme ahora, no sea arrebatada de mis manos una vez más, ¿acaso estoy
haciendo mal?. Ya nadie quiere estar cerca de mí, abandoné mi trabajo,
dejé de salir con mis amigos, ya nada me importa salvo estar con mi
hija. Me encanta jugar con ella, sentir sus diminutas, y a veces frías
manitas en mi cuerpo. Ella lo es todo.
¡Hoy mi hija se puso de pie!, está a punto de caminar, aunque mi marido
se haga el tonto y afirme no verla, yo sé que está ahí, paradita, ¡que
linda! Mi hija está creciendo.
Ya camina, y le hace travesuras a mi marido, lo asusta parándose detrás
de él y reflejándose en el espejo, le esconde el control remoto de la
televisión y le balbucea en el oído cuando duerme, me encanta ver como
se sobresalta. Esas son las pruebas de que ella está aquí, ya la escuchó
y la vió, pero insiste en decir que es solo una fantasía. Yo no sé
porque lo niega si esa niña tan hermosa y traviesa está aquí con
nosotros.
Hoy he tratado de llevarla afuera, pero al abrir la puerta y tratar de
sacarla la luz del sol pareció lastimarle, gritó y se escondió detrás de
mi. No dejó de dar alaridos hasta que cerré la puerta, entonces ella
rompió a llorar. La cargupe en brazos y la llevé a su habitación, tardé
en hacer que se calmara pero por fin logré que se durmiera, ¿Por qué
habrá reaccionado de esa manera? Estoy tan confundida…
Por fin todos se dieron cuenta de la existencia de mi hija, mis padres
han oído su llanto, pero al subir dijeron que no había nada. ¡Pero si la
han escuchado!, mi madre entró al baño y pegó un tremendo grito, salió
llorando, dijo haber visto a mi hija ensangrentada a través del espejo,
subí corriendo temiendo que se hubiera lastimado, pero estaba bien,
dormida en su camita. Tan bella mi hija.
¡Estoy harta!, ya me cansé de que me tiren de loca y se nieguen a
aceptar que mi hija esta aquí. ¡Que se vayan al diablo!. Eché a mi
marido de la casa, pues sus gritos ofensivos hacia mi han hecho llorar a
mi hija, lo eché y cuando salía del arrojé una maceta que se partió en
mi pedazos al estrellarse contra su cabeza, cayó inconsciente. Mi hija
se subió a su cuerpo inerte y como es tan inocente y no sabe lo que
hace, le sacó los ojos. Claro que la perdoné, es solo una niña.
Amenacé a mis padres que no regresaran, pero lo hicieron. Cuando
llegaron entraron a la habitación de mi hija con tal escándalo que la
despertaron y le hicieron enojar, pagaron muy alto el precio: mi padre
terminó con le cuello roto y a mi madre le arrancó la lengua, murió
desangrada. La perdoné, porque ellos al hicieron enojar.
Ahora estamos solas mi hija y yo, nos aves que vida tan feliz llevamos
ella y yo, pronto entrará al kínder y me hace la madre mas orgullosa,
solo espero que no le hagan enojar o ella se desquitará, como cualquier
otro niño.
Ahora estás aquí, has seguido nuestros pasos, me has ayudado a cuidar a
mi hija y tanto tu como yo sabemos que es real. Sé que la ves, ahí
dormida. Gracias por cuidarnos, ahora debo continuar yo sola, pero te
buscaré para que asistas a su graduación de kínder, de primaria, de
secundaria, a su boda, el bautizo de sus hijos…
Gracias por todo, puedes irte… ¡¡SHH!! No hagas ruido, mi hija duerme.


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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:52 pm

EN TU HABITACION

¿Quién puede asegurar qué fantásticos espectros veremos en el instante de nuestra muerte?
La habitación carecía de los elementos esenciales para los amantes del
terror clasico. Limpia, pulcra hasta el ridículo. Ella duerme, su mente
desconectada de toda realidad. La noche es apacible, cálida. La luz de
la luna se derrama sobre la pared.
Pero a pesar de lo prosaico de la situación, lo ominoso se hace presente.
Primero una corriente eléctrica recorre la columna de la niña, algo que
no tiene conexión con su mente, algo físico; la sacude en un espasmo
violento que la arranca del sueño. Su cuerpo supo antes que su mente lo
que sucedía, había algo en la habitación.
Cubierta con una manta permaneció inmóvil. Su cerebro buscaba
desesperadamente un argumento que contradiga aquel miedo irracional y
absurdo; pero su cuerpo no respondía a este llamado a la sensatez, se
obstinaba en mantener los músculos tensos. Las fosas nasales, dilatadas
para inhalar la mayor cantidad de oxígeno posible, parecían las de un
animal acorralado...
"No hay nadie"...
Sus ojos recorrían la habitación con una velocidad frenética. Su mente
racional estaba estancada repitiendo estúpidamente: “No hay nadie. No.
Nadie". Pero esa parte del cerebro inaccesible para la mente racional
estaba determinada a mantenerse alerta. Hizo un enorme ejercicio de la
voluntad para tratar de dominarse, pero fue inútil.
"Enciende la luz..."
Pensó en su padre, quién ahuyentaba sus infantiles terrores encendiendo
la luz del velador, haciéndola sentir un poco tonta por temer algo que
sin duda...
"No la enciendas..."
Se detuvo en el momento en que su mano se estiraba hacia el interruptor
"Si la enciendes, lo vas a ver..."
Paralizado su cuerpo, sus ojos se posaron en un rincón de la habitación.
Las sombras danzaban alegremente sobre la pared, en algún lugar de la
noche ladraba un perro.
"Ahí está... en el rincón..."
Los segundos se estiraban en una angustia indecible. El tiempo se
convirtió en algo físico, pegajoso. Ella miraba hacia el ángulo de la
habitación. No parpadeaba. En un último y desesperado intento, su yo
racional trató de calmarla.
"Ahí no hay nadie. Son sombras y Luna, nada más".
En ese momento le pareció que el bulto del rincón se movía, acaso
captando que se dudaba de su existencia. El movimiento fué leve, apenas
perceptible, pero innegable. Lo que ella podía entrever desde su
posición era una figura, que bien podía ser humana, de pie en el rincón
de la habitación.
En este punto algo sorprendente ocurrió en su interior. El horror no
cedió, pero dejó de bloquear los procesos mentales, seguía en posesión
de su cuerpo en tanto la amenaza continuase; pero liberó su consciencia
para que analizara la mejor manera de salir de aquella desesperada
situación. Intentó hablar, pero al principio solo pudo producir un
susurro que apenas si podía oírse a los pies de la cama.
_ Marco...
Fue consciente de que había dicho el nombre de su hermano, aunque
desconocía porqué a pesar de la enorme variedad de monstruos conocidos
había pensado justamente en su hermano, quién siempre la había
querido...
"Pensaste en él porque está muerto..."
_ Marco, ¿eres tu?_ alcanzó a decir.
La figura del rincón siguió inmóvil durante algunos instantes, luego su
cuerpo se inclinó levemente hacia adelante, sacando el rostro de las
tinieblas; la luz de la luna alcanzó el rostro de la figura, un segundo
apenas. Lo suficiente como para que ella sepa que no era su hermano,
sino algo infinitamente peor.
Toda resistencia se derrumbó. La figura supuraba un odio negro e
inhumano que era palpable. La habitación se llenó de un hedor
insoportable. Aquello que estaba en el rincón de la habitación dio un
paso adelante.
Su boca se contorsionaba en una mueca que intentaba ser una sonrisa; sus
ojos eran pozos negros dónde era imposible vislumbrar algún rasgo
humano. Imposible discutir, imposible razonar con aquel ser que era más
bien una voluntad siniestra; sin pasiones, sin deseos; sólo odio y
espanto.
Ella se abandonó y se hundió en aquellos pozos negros que eran sus ojos.
El cuerpo sin vida de la niña fue encontrado a la mañana siguiente. Sus
ojos miraban estúpidamente hacia el rincón de la habitación. Derrame
cerebral, dijeron los médicos. Nadie discutió un argumento tan
razonable.
El mundo es misterioso. Después de todo, ¿quién puede decir qué veremos en el instante de nuestra muerte?......
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Re: Cuentos de terror

Mensaje por iTzNajarLopez el Dom Ene 22, 2012 7:53 pm

NOVIEMBRE

Se despertó por la mañana con una sensación extraña en el cuerpo. Había
descansado mal sin motivo aparente. A pesar de tener calefacción central
su habitación estaba helada.Pero a diferencia de al resto de los
mortales, eso a ellale volvía loca. Sólo pensar en acurrucarse bajo 2
toneladas de mantas le hacía tener ganas de ir a dormir. Estaba de
vacaciones. Su novio acababa de mudarse a su casa y estaba dormido junto
a ella. Todo era perfecto. Sin embargo, algo le preocupaba hasta el
extremo de no dejarle dormir. Tenía un regusto amargo en la boca del
estómago y no sabía explicar porqué. Desde muy pequeña había tenido ese
... ¿don? ... Cuando las cosas se iban a poner feas su cuerpo le avisaba
para que estuviera preparada ... El atropello de su hermano, la muerte
de su padre, los cuernos de su ex ... siempre el mismo aviso ... como
ahora.
Se levantó dejándolo en la cama y se metió en la ducha. El agua tibia
caía sobre su espalda mojada calmando la sensación incómoda. Fuera
nevaba. El cielo, de un gris blanquecino, luchaba con la oscuridad para
conservar ese azul pero iba perdiendo la batalla. La oscuridad se
instalaba en el borrando todo tono de color. Pensó, por un segundo, que
su vida era igual. Pero lo desechó rápido porque no era cierto. Él
estaba con ella, en su vida, en su cama. Había decidido apostar al
caballo perdedor. Quedarse a su lado cuando todos los demás se habían
ido. Y por ello era afortunada. Y por ello su vida era perfecta.
Cuando él se despertó la sensación incómoda de ella fue en aumento. No
parecía él. Su mirada estaba perdida, sus ojos enrojecidos. Estaba más
blanco que nunca, más frío que nunca, más peligroso ... Y ella olía tan
bien ... No podía mantener el control. Había sido un error ir a vivir
con ella, tan bonita dentro de la ducha. Tan apetecible ... Creía que
podría mantener la calma pero no. Ser un vampiro no ponía las cosas
fáciles, ser un vampiro sin decírselo a ella las complicaba todavía más.
Y el instinto asesino, que surgía desde lo más profundo de su ser, era
ya incontrolable.
Se metió en la ducha con ella, impaciente, nervioso. Ella lo interpretó
como deseo. Se entregó a él. Lo que no imaginaba es que el deseo era de
otro tipo. En menos de un suspiro ella estaba tendida en los brazos de
él, inerte. Probablemente ni si quiera supo qué pasó. Él la abrazaba
llorando, incapaz de hacer nada más. Le había arrebatado la vida. Nunca
se lo podría perdonar.
A fin de cuentas era un vampiro, ¿qué podía hacer? Y ella olía tan bien
... y él tenía tantísima hambre ... Y ahora estaba solo de nuevo. Y
permanecería así por toda la eternidad.
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Re: Cuentos de terror

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